✍️ Dr. Oscar Aguilar Bulgarelli | Columna de opinión | Con Fisga
Tonticos es la palabra con la que don Óscar Aguilar pone bajo la lupa una vieja maña política: fingir que no se entiende, hacerse el maje y convertir la indignación selectiva en cortina de humo frente a los verdaderos problemas nacionales.
En esta entrega de Con Fisga, el Dr. Óscar Aguilar Bulgarelli parte de una expresión profundamente costarricense para cuestionar el escándalo provocado por quienes aseguran que llamar a alguien “tontica” constituye necesariamente un insulto. Desde ahí, la columna amplía el foco hacia el oficialismo, el lenguaje político y lo que considera una estrategia permanente de hacerse los desentendidos frente a los problemas del país. Tonticos, entonces, deja de ser apenas una palabra coloquial y se convierte en la fisga con la que el autor retrata una forma de ejercer el poder, mientras reivindica el reciente plantón como una señal de que muchos costarricenses están perdiendo el miedo a confrontar ese discurso.
Tonticos, lenguaje político y una ciudadanía que dejó de hacerse la maje
En aquellos tiempos de escolar y colegial, en las barras del barrio y también ya mayorcito, en el lenguaje coloquial del costarricense era frecuente decir que alguien se “hacía el maje”, que era el sinónimo popular de “se hace el tonto… o tontica”.
De acuerdo con el diccionario de la Real Academia, esta expresión se refiere a alguien normalmente capaz y hasta inteligente que disimula, finge ignorancia o falta de comprensión y aparenta ser tonto para ocultar algún tema o aspecto del que prefiere no darse por enterado.
Entonces, SE HACE EL TONTO… O TONTICO, PERO NO LO ES.
Por lo tanto, decírselo a alguna persona, sin importar su sexo o el cargo que ocupe, no necesariamente constituye un insulto, sino que puede poner en evidencia una estrategia de fingida ignorancia.
Por lo anterior, acusar al diputado Edgardo Araya de haber insultado a la presidenta Fernández porque dijo que “se hacía la tontica” no tiene sentido si sabemos utilizar el idioma que supuestamente hablamos y entendemos sus giros coloquiales.
Por lo tanto, quienes se enojaron y exigieron disculpas sí sufren de un grave problema que se llama ignorancia supina.
Pero no se preocupen ni se ofendan: eso solamente refleja falta de estudio, ausencia de buenas lecturas, cultura y educación. Y la buena noticia es que eso sí tiene remedio: estudien y lean para salir del lumpen cultural en que permanecen.
Por ejemplo, a diferencia de lo dicho por el diputado Araya, la letanía de expresiones groseras e irrespetuosas lanzadas en su contra por la diputada oficialista Kathia Calvo la ubica, lujosamente y con mérito suficiente, en ese subnivel existencial, pero no en el que debería ocupar una diputada de la Patria.
El movimiento político que nos gobierna desde el cuatrienio anterior —y que considero de naturaleza fascista— ha montado un teatro por cuyo escenario desfilan permanentemente personajes de la farándula oficialista, compuesto por “ellos, ellas y también elles, para que no se extrañen”, que se dedican, un día sí y otro también, a hacerse los “majes” o los tontos —as, es…— ante los gravísimos problemas nacionales que vivimos en todos los campos.
Y con ello hacen un daño que puede resultar casi irreparable para todos los costarricenses, sin importar su color político o condición.
De las muchas conclusiones positivas que podemos sacar del PLANTÓN, una de las principales es esta:
¡Se acabó!
Se acabó el temor.
Se acabó la sumisión.
Se acabó el creer que ese teatro dice la verdad para agarrarnos, ahí sí, de tontos.
Se acabó el ponernos a pelear unos contra otros con una carga de mentiras y prejuicios.
Volvimos a vernos las caras: los de todos los partidos, los de todos los colores, los de todas las provincias y los de todos los sectores.
Todos, todos, todos.
Recordamos que construimos este gran país conversando, discrepando y respetándonos.
No nos van a engañar más con sus falsedades ni con sus tonteras ideológicas, porque ahí sí les decimos que, por su estrechez mental, no vamos a pelearnos entre nosotros.
Porque, como decía mi madre:
“Es más tonto el tonto que le hace caso a un tonto que el mismo tonto”.
Y si los dirigentes chavistas creen que somos de su calaña, o sea, tonticos de capirote, les cedemos ese título.
Porque, como dijo Aquileo en La Firmita…
¡Mirala!
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Si Tonticos de capirote pone la fisga sobre el lenguaje y el poder, vuelva también a una entrega anterior de don Óscar Aguilar Bulgarelli: Soberanos gritos o gritos del soberano.