✍️ Dr. Oscar Aguilar Bulgarelli | Columna de opinión | Con Fisga
Los gritos de quienes se creen soberanos del país ya no logran ocultar su desprecio por las instituciones democráticas. El Dr. Óscar Aguilar Bulgarelli examina cómo la estridencia del poder comienza a despertar la verdadera voz del soberano.
En esta nueva entrega de Con Fisga, el Dr. Óscar Aguilar Bulgarelli dirige su mirada crítica hacia quienes, desde el poder, se comportan como soberanos absolutos y pretenden sustituir los argumentos por gritos, insultos y amenazas contra la institucionalidad democrática.
Soberanos del grito: cuando el poder sustituye los argumentos por amenazas
Desde la administración anterior de Rodrigo Chaves y ahora en la de su delfina, Laura Virginia, se ha impuesto una moda realmente fatal: pegar gritos por toda la geografía nacional. Estos dos se creen los soberanos nacionales, manejando su reino y dando órdenes a sus siervos de la gleba. Entonces, desde cada podio, escenario o cajón en que se encaramen, pegan gritos desaforados, como si el grito fuera factor de convencimiento, no de sus ideas —que no las tienen—, sino de sus atropellos a la democracia nacional.
Aprovechando cualquier situación o evento, sin importar la ocasión de que se trate, Rodrigo y Laura Virginia ofenden los sistemas auditivos del auditorio con sus soberanos gritos, sus voces altisonantes y sus gestos dictatoriales.
Con ellos, los costarricenses hemos escuchado salir de la boca del entonces presidente los términos más groseros —«hijueputa», por ejemplo—, ofensivos, calumniosos y burlescos. Y, como si fuera poco, los utilizan como instrumento para mentir permanentemente, posiblemente con las lecciones aprendidas de su maestra particular, la exdiputada y hoy asesora Pilar Cisneros.
Desde esos podios verborreicos, de poca sustancia positiva para el país, estos personajes malvenidos a nuestra historia han insultado y mancillado el buen nombre de mucha gente honorable, a la que han calumniado sin pruebas en la mano. En definitiva, solo ha quedado eso: la calumnia. Eso es un vulgar abuso del poder.
Pero esta semana Rodrigo y Laura Virginia, como se dice en el argot popular… la sacaron del estadio.
Uno, como «miniMinistro», mancilló los festejos de la Anexión de Nicoya, gritando la soberana estupidez de una posible dictadura, mientras media docena de asistentes, por un arroz con pollo, lo aplaudía y gritaba su apoyo para disimular que esos cuatro pelagatos eran la voz del soberano.
Luego, Laura Virginia, rodeada de los diputados del PPSO, el viernes 31 de julio gritó desde Zapote que la Sala IV había dado un golpe de Estado al prorrogar los nombramientos de los magistrados suplentes.
¡Horror de horrores! Ignoró todas las disposiciones constitucionales y legales que ampararon aquella decisión de los magistrados. No solo se ha convertido ella en el hazmerreír de todo el país, sino que la noticia, divulgada por todos los medios internacionales, ha puesto en juego EL PRESTIGIO DE COSTA RICA COMO PAÍS DE PAZ Y DEMOCRACIA.
Y ESE SOBERANO GRITO DE IGNORANCIA Y PALURDISMO ES IMPERDONABLE.
Como consecuencia, los gritos soberanos y desaforados de estos enemigos de la democracia empiezan a convertirse en el grito de reclamo y defensa de nuestros valores, lanzado por miles y miles de costarricenses:
EL GRITO DEL SOBERANO, EXIGIENDO RESPETO A NUESTRAS INSTITUCIONES Y A LOS VALORES HISTÓRICOS HEREDADOS DE NUESTROS ANTEPASADOS, QUE HAN COSTADO SANGRE, SUDOR Y LÁGRIMAS, COMO DIJO W. CHURCHILL.
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Antes de analizar los soberanos gritos del poder, el Dr. Óscar Aguilar Bulgarelli ya había contrapuesto el verdadero valor frente a las mentiras que dominan el discurso político.