La candidata del “narco partido” Pueblo Soberano intenta convertir el show del polígrafo en una lavada de cara política, mientras crecen las dudas sobre sus vínculos, su credibilidad y el vacío ético que rodea su campaña.
Laura Fernández, candidata presidencial por el partido Pueblo Soberano, decidió recurrir al show del polígrafo para intentar limpiar su nombre ante señalamientos por posibles vínculos con estructuras del crimen organizado, lavado de dinero y corrupción. Pero una prueba privada, sin valor legal ni respaldo científico concluyente, no borra las dudas políticas: las agranda.
El show del polígrafo no borra el vacío ético
La prueba fue realizada en privado, por encargo de su propio equipo de campaña, y bajo condiciones no auditadas ni supervisadas por entes imparciales.
En el intento por posicionar mediáticamente una narrativa de “honestidad certificada”, Laura Fernández recurre a una herramienta desacreditada por la ciencia y carente de valor probatorio en los tribunales de justicia. El show del polígrafo no mide la verdad, sino reacciones fisiológicas al estrés, lo que puede producir falsos positivos o falsos negativos.
Así lo han señalado organismos internacionales como la American Psychological Association, que advierte que el polígrafo no tiene confiabilidad científica como detector de mentiras.
A pesar de esto, la candidata y su equipo celebran el resultado del examen como si se tratara de una absolución divina. Lo que no explican es por qué el test se realizó de forma cerrada, en la sede del partido y sin ninguna veeduría independiente, ni por qué el certificado de resultados fue emitido por una firma contratada directamente por su campaña.
Más grave aún, este intento de lavado de imagen se produce en medio de escándalos crecientes en torno al partido Pueblo Soberano, que ha sido señalado por sus conexiones con empresarios investigados, estructuras políticas sin legitimidad interna, y figuras con expedientes abiertos en temas de narcotráfico y corrupción.
Mientras la campaña de Laura Fernández apuesta por los trucos de relaciones públicas, el país necesita respuestas claras, investigaciones serias y transparencia real, no shows prefabricados con aparatos de dudosa validez. La estrategia de apelar al polígrafo solo evidencia lo contrario: quien no tiene credibilidad, busca refugio en el circo.