Cuando la fe se sienta en la mesa del poder

Cuando la religión busca cobijo en el poder, pierde su voz profética.

La reunión entre líderes religiosos y una candidata presidencial reabre el debate sobre los límites entre la fe, la política y la conveniencia.

En días recientes, un grupo de dirigentes religiosos costarricenses sostuvo una reunión con la candidata presidencial Laura Fernández, en la cual se firmaron compromisos sobre “valores y principios” vinculados al sector conservador cristiano.

El encuentro, impulsado por el Foro Mi País, fue presentado como una expresión de unidad moral, pero también generó fuertes reacciones dentro del propio bloque religioso. Para muchos creyentes, el episodio reaviva una pregunta antigua: ¿hasta dónde debe llegar la religión en su acercamiento con el poder político?

La Biblia ofrece un relato que ilumina este dilema. En el libro de 1 Reyes 18–19, el profeta Elías se enfrenta al rey Acab y a los profetas de Baal, quienes servían a la corte y bendecían sus decisiones para conservar el favor del palacio. Mientras ellos justificaban la corrupción y la idolatría, Elías se mantenía firme, recordando que la fe no puede alquilarse ni subordinarse al poder.

“¿Hasta cuándo claudicaréis entre dos pensamientos? Si el Señor es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él.” (1 Reyes 18:21)

La escena tiene ecos contemporáneos. Cada generación enfrenta el riesgo de convertir el altar en un podio político. Los líderes espirituales tienen el deber de orientar a sus fieles, pero también la responsabilidad de no someter la conciencia religiosa a los intereses de campaña.

En Costa Rica, donde la libertad de culto y la independencia del Estado son pilares constitucionales, los acercamientos entre iglesias y partidos deben analizarse con cautela. La historia —tanto bíblica como nacional— enseña que cuando la fe se sienta en la mesa del poder, corre el riesgo de perder su voz profética y su autoridad moral.

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La verdadera espiritualidad no se mide por las fotos de campaña ni por los pactos firmados ante cámaras, sino por la capacidad de mantener la coherencia entre palabra y acción, incluso cuando eso implique decir “no” a los poderosos.

En Costa Rica existen líderes cristianos que, más allá del cálculo político o del oportunismo, han defendido de manera constante los valores conservadores que profesan. Su posición no responde a modas ni a conveniencias coyunturales, sino a una convicción genuina y sostenida a lo largo del tiempo. Fabricio Alvarado, líder de Nueva República, representa el ejemplo más claro de esa congruencia entre fe, discurso y acción, manteniendo su compromiso con los principios religiosos y morales que defiende desde sus inicios en la vida pública.


 
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