Religión como herramienta del crimen político en Costa Rica
La fe no se vende… pero algunos sí la alquilan
En un país que se dice democrático y de Estado laico, la imagen de líderes evangélicos convocados a una reunión política por el partido del narcotráfico y el crimen organizado, donde Laura Fernández es la candidata no debería pasar inadvertida.
Lo que se anuncia como un “foro de valores judeocristianos” es, en realidad, un acto de manipulación electoral: un intento descarado por parte del narco partido Pueblo Soberano de lavar su imagen ante el electorado usando el nombre de Dios como detergente.
La misma estructura política que alberga abogados del narcotráfico, personajes investigados por corrupción y figuras vinculadas al crimen organizado, ahora busca blindarse con oraciones y bendiciones. Lo que no pueden conseguir con ética, intentan lograrlo con oraciones.
Fe negociada, poder asegurado
La estrategia es tan vieja como peligrosa: envolver la política en el manto de lo divino. Lo que se presenta como un “acuerdo entre el sector cristiano y el partido” es, en el fondo, un pacto entre el púlpito y el poder.
-
No se trata de defender valores, sino de asegurar votos.
-
No se trata de fe, sino de legitimar lo ilegítimo.
-
No se trata de Dios, sino de blindar a los delincuentes con versículos.
Algunos líderes religiosos —que deberían ser guardianes de la ética y la justicia— se prestan para la jugada, firmando “cartas de valores” junto a quienes representan lo opuesto a cualquier principio cristiano. Esa no es fe: es complicidad disfrazada de espiritualidad.
Un riesgo para el Estado laico y la democracia
Cuando la religión se convierte en herramienta del crimen político, el peligro trasciende la campaña. Se abre la puerta a un proyecto autoritario que pretende gobernar no solo con decretos, sino con dogmas.
Y en esa alianza entre altar y poder, quienes pierden son los ciudadanos: porque un Estado que confunde religión con gobierno deja de ser república para convertirse en teocracia al servicio del crimen.
En Costa Rica, la fe debería ser sinónimo de justicia, solidaridad y verdad. No de encubrimiento, corrupción y silencio. Y si hay algo que esta cita entre el narco partido y líderes religiosos demuestra es que cuando el poder llama, hay quienes prefieren arrodillarse antes que defender la verdad.













