El Índice Nacional de Riesgo de Automatización, INRA, busca combinar los datos actuales de empleabilidad con la exposición futura de las carreras y profesiones ante la inteligencia artificial. La propuesta fue desarrollada por el investigador costarricense Douglas Caamaño Quirós.
La inteligencia artificial ya transforma tareas, profesiones y modelos de empleo. En ese escenario, el INRA surge en Costa Rica como una propuesta para medir cuáles actividades laborales podrían enfrentar una mayor exposición a la automatización y cuáles deberán adaptarse con mayor rapidez.
La discusión no es menor. Miles de estudiantes eligen una carrera basándose en las oportunidades laborales existentes, aunque el mercado que encontrarán dentro de diez o veinte años podría ser muy distinto al actual.
¿Qué es el INRA?
El Índice Nacional de Riesgo de Automatización es presentado como un modelo matemático que combina indicadores tradicionales del mercado laboral con variables relacionadas con el riesgo tecnológico futuro.
Su objetivo no sería limitarse a responder cuáles carreras tienen empleo en la actualidad, sino analizar cuáles podrían conservar su relevancia en un entorno marcado por algoritmos, sistemas automatizados y herramientas de inteligencia artificial.
Según su creador, ya no basta con estudiar la demanda presente de una profesión. También resulta necesario comprender cómo podría cambiar, cuáles tareas quedarían expuestas a la automatización y qué capacidades humanas continuarían siendo indispensables.
El INRA se plantea así como una herramienta prospectiva: una medición orientada a anticipar transformaciones, en lugar de esperar a que sus efectos sean evidentes en el desempleo, los salarios o la desaparición de determinadas funciones.
INRA, inteligencia artificial y futuro laboral
La automatización de una tarea no implica necesariamente la desaparición completa de una profesión.
En muchos casos, la inteligencia artificial podría asumir labores repetitivas, administrativas o relacionadas con el procesamiento de información, mientras las personas conservarían funciones que requieran criterio, creatividad, comunicación, responsabilidad o capacidad para tomar decisiones.
El documento de presentación señala que el INRA no pretende predecir la desaparición de las carreras, sino identificar cómo deberán transformarse para continuar siendo relevantes.
Desde esa perspectiva, el índice podría resultar útil para estudiantes que deben escoger una profesión, trabajadores que necesitan actualizar sus conocimientos, universidades obligadas a revisar sus programas y gobiernos responsables de formular políticas educativas y laborales.
El desafío ya no consiste únicamente en determinar cuáles carreras tienen mayor demanda, sino en identificar cuáles habilidades conservarán valor humano en un mercado crecientemente automatizado.
Una matriz para medir la vulnerabilidad tecnológica
De acuerdo con la información suministrada, el INRA integra variables de empleabilidad actual y exposición tecnológica futura para crear una matriz prospectiva.
Esa matriz permitiría comparar profesiones, estudiar su vulnerabilidad ante la automatización y detectar aquellas áreas en las que sería necesario fortalecer la formación, actualizar los planes de estudio o desarrollar nuevas competencias.
El proyecto plantea además que el modelo podría ser adaptado a otros países, utilizando información correspondiente a sus mercados laborales, sistemas educativos y condiciones tecnológicas.
Entre sus posibles aplicaciones se encuentran la orientación vocacional, la planificación laboral, la innovación educativa y el diseño de políticas públicas vinculadas con el empleo.
Sin embargo, el material remitido a Radio Zurquí no incluye la fórmula completa del índice, las ponderaciones asignadas a cada variable, las fuentes estadísticas empleadas ni una clasificación detallada de las profesiones analizadas.
Tampoco presenta ejemplos concretos de carreras con niveles altos, medios o bajos de exposición tecnológica.
La publicación de esos elementos será fundamental para evaluar la solidez metodológica del INRA, reproducir sus resultados y conocer su utilidad práctica.
El potencial internacional del INRA
El diseño del INRA abre la posibilidad de que el modelo pueda adaptarse a las necesidades de otros países y contribuir a discusiones internacionales sobre educación, empleo y transformación tecnológica.
Según la propuesta presentada por Douglas Caamaño Quirós, el índice podría aportar información útil a las agendas desarrolladas por organismos como la Organización de las Naciones Unidas, la OCDE, la UNESCO y la Organización Internacional del Trabajo.
Entre sus posibles aplicaciones se encuentran la generación de métricas comparables, el fortalecimiento de la orientación vocacional y la anticipación de los cambios que la automatización provocará en el mercado laboral.
El material también plantea al INRA como una eventual herramienta de referencia internacional. Ese alcance dependerá de la validación de su metodología, la publicación de resultados y los futuros acercamientos con instituciones académicas y organismos multilaterales.
¿Qué carreras tienen mayor riesgo de automatización?
Esta es una de las preguntas que más interés puede despertar entre estudiantes, familias y trabajadores: conocer cuáles profesiones podrían experimentar mayores transformaciones ante el avance de la automatización y la inteligencia artificial.
El INRA se propone ofrecer una herramienta para analizar esa exposición tecnológica y ayudar a comprender cómo podrían evolucionar las distintas carreras en los próximos años.
El documento de presentación se concentra en explicar el propósito general y las posibles aplicaciones del índice. La divulgación posterior de sus resultados permitirá conocer cuántas profesiones fueron evaluadas, cuáles variables fueron consideradas y qué diferencias existen entre los distintos niveles de riesgo.
También abrirá la posibilidad de identificar las habilidades que deberán fortalecerse, los planes de estudio que podrían requerir actualización y las áreas profesionales con mejores condiciones para adaptarse a los cambios tecnológicos.
Más que anticipar la desaparición de carreras, el valor del INRA podría estar en mostrar cómo deberán transformarse para conservar su relevancia en el mercado laboral del futuro.
INRA y el debate que Costa Rica debe asumir
Más allá de las preguntas pendientes, la propuesta coloca sobre la mesa una discusión que Costa Rica no debería ignorar.
El sistema educativo continúa preparando estudiantes para profesiones que podrían cambiar profundamente antes de que quienes hoy ingresan a una universidad concluyan su vida laboral.
La orientación vocacional tampoco puede limitarse a señalar cuáles carreras ofrecen empleo en el presente. Debe incorporar preguntas sobre automatización, transformación tecnológica, competencias digitales y habilidades difíciles de sustituir mediante sistemas informáticos.
El INRA intenta responder parte de esas inquietudes desde Costa Rica y plantea la necesidad de conectar las decisiones educativas actuales con los cambios que ya comienzan a modificar el trabajo.
Su impacto dependerá de la transparencia de la metodología, la publicación de resultados concretos y la capacidad de demostrar que sus mediciones pueden ser verificadas y replicadas.
El futuro del trabajo no será decidido únicamente por las máquinas. También dependerá de la capacidad de las universidades, los gobiernos y las personas para comprender los cambios antes de que sea demasiado tarde.