Con cerca de 3.000 representaciones en una veintena de países, la actriz, directora y productora mexicana convirtió “Frida de Mil Amores” en una apuesta por el teatro social y accesible. En conversación con Radio Zurqui, Nadia Salinas habló de su trayectoria, de la relación de Frida Kahlo con la Casa del Indio Fernández y de un modelo cultural en el que nadie queda fuera por no tener dinero.
Hay lugares donde las paredes no funcionan únicamente como escenario: también guardan historias. La piedra volcánica de la Casa Fuerte de Emilio “El Indio” Fernández, en Coyoacán, conserva recuerdos del cine mexicano, de Diego Rivera, de Frida Kahlo y de una época marcada por el arte, las amistades intensas y la vida bohemia.
Fue precisamente allí donde Este Paisano asistió a una función de “Frida de Mil Amores”, un monólogo protagonizado por Nadia Salinas, quien lleva más de una década interpretando a una de las figuras más reconocibles de la cultura mexicana.
Al concluir la presentación, Nadia conversó con Radio Zurqui sobre la obra, su trayectoria y una forma de entender el teatro que desafía la lógica comercial: las funciones no tienen un precio obligatorio y el público puede colaborar mediante un donativo voluntario.
Una Frida construida antes de convertirse en fenómeno mundial
Nadia comenzó a representar a Frida Kahlo hace más de diez años, cuando —según recuerda— la pintora todavía no tenía la presencia masiva que hoy ocupa en la cultura popular.
En aquellos primeros años, niñas, niños y adultos se acercaban a preguntarle quién era aquella mujer, dónde había vivido y por qué su historia resultaba importante.
Esa curiosidad se convirtió en el punto de partida de “Frida de Mil Amores”, una obra que recorre la vida y el legado de la artista mexicana desde un escenario cercano, dinámico y abierto a la interacción con el público.
El montaje nació para participar en un festival teatral en Colombia. A partir de aquella experiencia llegaron nuevas invitaciones y la obra comenzó a viajar. Nadia calcula que ha realizado cerca de 3.000 representaciones en aproximadamente 20 países.
No se trata, por tanto, de una caracterización improvisada para aprovechar la popularidad contemporánea de Frida. Es un personaje trabajado durante años, enriquecido por miles de funciones y transformado mediante el contacto directo con públicos distintos.
Un monólogo que nunca ocurre exactamente de la misma manera
Aunque la obra tiene una estructura definida y dura cerca de una hora, Nadia explica que cada presentación puede cambiar.
La actriz conversa con el público, responde a sus reacciones, provoca risas y permite que la función respire de acuerdo con quienes se encuentran frente a ella.
Esa relación hace que el monólogo no sea una pieza rígida ni una repetición mecánica. La historia permanece, pero la experiencia se transforma.
En la presentación observada por Radio Zurqui, la figura de Frida apareció rodeada de música, referencias a México, imágenes de Diego Rivera, elementos populares y una narración en la que el dolor, el humor y el carácter de la pintora conviven sobre el escenario.
Frida, Diego Rivera y las historias de la Casa del Indio Fernández
La presentación adquiere un significado particular dentro de la Casa Fuerte de Emilio “El Indio” Fernández.
Nadia explicó que el cineasta y Diego Rivera mantuvieron una relación cercana y que el muralista realizó trabajos artísticos dentro de la propiedad. Frida y Diego frecuentaban aquel círculo cultural y bohemio.
La actriz también compartió una de las leyendas que rodean la casa: se cuenta que Frida llegaba a buscar a Diego y lo llamaba desde el exterior, mientras el Indio Fernández aseguraba que el muralista no se encontraba allí.
Según el relato oral, Diego permanecía dentro de la casa, participando en largas reuniones acompañadas por alcohol, amistades y mujeres.
Es una historia transmitida como parte de la memoria popular del lugar, imposible de separar por completo de la fama bohemia que acompaña tanto al Indio Fernández como a Diego Rivera.
En ese contexto, la llegada teatral de Frida a la casa parece cerrar simbólicamente una puerta que, según la leyenda, permaneció cerrada para ella durante años.
El teatro que no pregunta cuánto dinero lleva el espectador
Más allá de Frida Kahlo, el elemento más relevante de la propuesta de Nadia Salinas es su modelo de acceso al teatro.
Las funciones producidas por su compañía se ofrecen sin imponer un precio obligatorio. El público recibe una cortesía y, al terminar, puede realizar un donativo voluntario.
Quien puede colaborar ayuda a sostener el proyecto. Quien no tiene dinero también puede entrar, sentarse y disfrutar de la función.
No importa si traen dinero, si no traen dinero o si tienen poquito. Vengan al teatro.
La frase resume una convicción que atraviesa todo su trabajo: el arte y la cultura no deberían convertirse en privilegios reservados para quienes pueden comprar una entrada.
Nadia reconoce que el modelo requiere resistencia y solidaridad. Algunas personas colaboran más para compensar a quienes no pueden hacerlo. De esa manera, el proyecto intenta mantenerse sin colocar una barrera económica frente a la puerta.
No se trata de negar el valor del trabajo artístico. Por el contrario, se busca que el público comprenda que el teatro tiene valor, aunque su acceso no esté condicionado por una tarifa fija.
Teatro Júpiter 21: una casa permanente para el proyecto
La actividad de Nadia no termina en la Casa del Indio Fernández.
Su espacio permanente es el Teatro Júpiter 21, ubicado en Centenario número 31, colonia San Simón, cerca del Metro Nativitas, en Ciudad de México.
El teatro cuenta con escenario, butacas y una cartelera diversa que incluye comedias, teatro histórico, propuestas sociales, montajes documentales y otras producciones.
Las funciones se presentan habitualmente los viernes, sábados y domingos bajo el mismo modelo de boletos gratuitos y donativo voluntario.
Nadia explicó que el espacio lleva varios años operando de esa manera y que mantendrá el sistema mientras sea posible sostenerlo.
Veintiséis años dedicados al teatro social
Fuera del personaje de Frida, Nadia Salinas se define como actriz, directora y productora teatral.
Lleva 26 años dedicada exclusivamente al teatro, especialmente a propuestas de carácter social, histórico, educativo y documental.
Su objetivo no es únicamente entretener. Aspira a que el espectador abandone la sala siendo ligeramente diferente de la persona que entró.
Nos interesa que cuando vengan al teatro y se vayan no sean los mismos; que sí les pase algo, explicó durante la entrevista.
Esa intención aparece en su manera de hablar de México, de recuperar personajes históricos y de llevar sus montajes a escuelas, calles, alcaldías, teatros y espacios comunitarios.
Nadia describe ese esfuerzo como un trabajo hormiga: constante, cercano y muchas veces alejado de los grandes medios de comunicación.
También reconoce que su compañía ha preferido no integrarse a determinadas dinámicas de la televisión y del espectáculo comercial. Su fama no se mide por apariciones mediáticas, sino por las miles de personas que han presenciado sus funciones en distintos lugares.
“No hay paga, hay gloria”
Durante la conversación surgió una frase del expresidente costarricense Julio Acosta García, convertida también en uno de los lemas de Radio Zurquí:
Hubo gloria en la actitud asumida; no hay paga. Hay paga, no hay gloria.
La reflexión encaja con la propuesta de Nadia, aunque no significa que el trabajo artístico deba realizarse sin apoyo económico.
Significa que existen acciones cuyo verdadero valor no puede reducirse únicamente a una transacción.
Una función teatral tiene costos, requiere años de preparación y necesita recursos para sobrevivir. Pero la cultura pierde parte de su función social cuando la primera pregunta que se hace al espectador es cuánto puede pagar.
Nadia Salinas ha elegido caminar por una ruta difícil: confiar en el público, abrir las puertas y esperar que quienes puedan sostener el proyecto comprendan su responsabilidad.
El escenario como espacio de transformación
En tiempos en que Frida Kahlo aparece reproducida en camisetas, bolsos, tazas y campañas publicitarias, “Frida de Mil Amores” intenta devolverle voz, historia y humanidad.
Pero la obra también sirve para descubrir a la mujer que se encuentra detrás del personaje.
Nadia Salinas no promete fama, televisión ni alfombras rojas. Promete algo más exigente: mantener abiertas las puertas del teatro para quien puede colaborar y también para quien llega con los bolsillos vacíos.