Mientras tanto, el gobierno de Chaves en Costa Rica aceptó sin cuestionar deportados asiáticos
Internacionales. El gobierno de Nigeria rechazó categóricamente la presión ejercida por Estados Unidos para aceptar a ciudadanos venezolanos deportados, incluso desde centros penitenciarios. Así lo confirmó el ministro de Asuntos Exteriores nigeriano, Yusuf Tuggar, quien fue enfático en señalar que su país no está en condiciones de asumir una carga migratoria impuesta desde el extranjero.
“Ya tenemos suficientes problemas propios. No podemos aceptar deportados venezolanos en Nigeria (…). Ya somos 230 millones de personas”, declaró Tuggar en una entrevista televisada por Channels Television, agregando que Estados Unidos está presionando a varios países africanos para que reciban deportados venezolanos, en lo que calificó como una política agresiva e inaceptable.
Costa Rica: una postura opuesta de complacencia
El contraste con Costa Rica resulta inevitable. Mientras Nigeria defiende su soberanía, el gobierno de Rodrigo Chaves permitió la entrada de decenas de personas deportadas desde Estados Unidos, provenientes de países asiáticos, quienes permanecieron varios meses en el Centro de Atención Temporal para Migrantes (CATEM) en condiciones opacas y sin rendición de cuentas clara a la ciudadanía.
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La decisión costarricense no solo fue tomada sin transparencia, sino que demuestra una sumisión preocupante ante las imposiciones de Washington, en contraste con la firmeza soberana mostrada por Nigeria.
Presión migratoria y sanciones económicas: el doble filo de EE.UU.
Además del tema migratorio, el ministro nigeriano también denunció nuevos aranceles del 10 % impuestos por el expresidente Donald Trump, destinados a castigar a países que estrechen lazos con los BRICS. En sus propias palabras, Trump advirtió en su red Truth Social:
“Cualquier país que se alinee con las políticas antiamericanas de los BRICS deberá pagar un arancel adicional del 10%. No habrá excepciones.”
Este tipo de sanciones económicas refuerzan la presión política que Estados Unidos ejerce sobre países en vías de desarrollo para controlar su política exterior y migratoria, algo que Nigeria ha decidido no aceptar.
Con información basada en Deutsche Welle (DW)













