Estrés, ansiedad y depresión avanzan mientras el sistema público responde tarde
La salud mental se ha convertido en una de las principales preocupaciones de la población costarricense, aunque sigue siendo una de las menos atendidas. En silencio, miles de personas enfrentan ansiedad, depresión, agotamiento emocional y trastornos del sueño, mientras el sistema de salud pública lucha por responder a una demanda que no deja de crecer.
Lejos de tratarse de un problema individual o pasajero, la salud mental es hoy un asunto de salud pública, con consecuencias directas en la convivencia social, la productividad laboral, la violencia y la estabilidad familiar.


Una presión que no da tregua
Factores como el alto costo de la vida, la precarización laboral, el endeudamiento, la inseguridad y el aislamiento social han generado un entorno propicio para el deterioro emocional. A esto se suman las secuelas dejadas por la pandemia, que profundizó sentimientos de incertidumbre, duelo y soledad.
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Especialistas coinciden en que el estrés crónico se ha normalizado en amplios sectores de la población, especialmente en personas jóvenes, trabajadoras y adultas mayores, quienes muchas veces no buscan ayuda por miedo al estigma o por falta de acceso oportuno a servicios especializados.
El sistema público ante una demanda creciente
La Caja Costarricense de Seguro Social enfrenta una presión sostenida en los servicios de psicología y psiquiatría. Las listas de espera, la escasez de profesionales y la sobrecarga en hospitales y áreas de salud limitan la posibilidad de brindar atención temprana y continua.
En muchos casos, la intervención llega cuando la persona ya se encuentra en una situación crítica, lo que evidencia un modelo de atención reactivo, centrado en la emergencia y no en la prevención.
Romper el estigma, una tarea pendiente
A pesar de los avances en el discurso público, persiste la idea de que los problemas de salud mental son señales de debilidad o falta de carácter. Esta percepción retrasa la búsqueda de ayuda y profundiza el sufrimiento de quienes atraviesan episodios de ansiedad o depresión.
La evidencia es clara: la salud mental es tan importante como la salud física. Reconocer los síntomas, hablar del tema y acceder a acompañamiento profesional puede marcar la diferencia entre una crisis contenida y una situación de mayor gravedad.
Consecuencias sociales de mirar hacia otro lado
Cuando la salud mental no se atiende de forma adecuada, las consecuencias trascienden lo individual. Aumentan los conflictos familiares, el ausentismo laboral, el consumo problemático de sustancias y los episodios de violencia. El costo social y económico de la inacción es alto y sostenido en el tiempo.
Prevención y comunidad: claves del abordaje
Fortalecer la atención primaria, promover la educación emocional desde edades tempranas y apoyar redes comunitarias son pasos fundamentales para enfrentar esta crisis. Invertir en salud mental no es un gasto, sino una decisión estratégica para el bienestar colectivo y la cohesión social.
Costa Rica cuenta con una base institucional sólida. El desafío está en priorizar la salud mental como un eje central de las políticas públicas, garantizando acceso oportuno, digno y continuo para toda la población.
Este artículo fue creado con apoyo de inteligencia artificial, bajo la supervisión editorial de Este Paisano.


