La historia reciente de América Latina nos advierte

Cuando la reelección indefinida se instala, la democracia empieza a morir.

El Salvador de Bukele, la Venezuela de Chávez y la Nicaragua de Ortega comparten un patrón alarmante: líderes elegidos por voto popular que, una vez en el poder, desmantelan la democracia desde adentro. Costa Rica, un país que aún presume de su institucionalidad, no puede permitirse ignorar estas señales.

La trampa de la reelección indefinida

Las palabras clave que marcan el rumbo de estas naciones —reelección presidencial indefinida, concentración de poder, erosión democrática— deben encender todas las alarmas en nuestro país. En cada uno de estos casos, la llegada al poder fue legítima, pero la permanencia se volvió ilegítima.

  • Hugo Chávez fue elegido en 1998 con un 68% de los votos.
  • Daniel Ortega retornó al poder en 2006 con un 38%.
  • Nayib Bukele fue elegido en 2019 con un 53%.
Pero lo que comenzó como victoria democrática terminó convirtiéndose en deriva autoritaria:
  • Chávez impulsó la reelección indefinida en 2009 mediante Asamblea Constituyente.
  • Ortega lo hizo en 2014 por reforma legislativa.
  • Bukele lo concretó en 2025, también mediante reforma legislativa.

En todos estos casos, la reelección fue acompañada por la toma del Congreso y la cooptación del Poder Judicial, eliminando la independencia de poderes y cerrando las vías de control institucional.

🛑 La reelección indefinida es el punto de no retorno. La democracia muere cuando el poder deja de tener fecha de vencimiento.

Popularidad hoy, dictadura mañana

Una constante: estos gobernantes impulsaron sus reformas cuando gozaban de alta popularidad. Eso anestesió a la población, que no supo o no quiso oponerse a tiempo:

  • Chávez (2009): 45% de aprobación (Latinobarómetro).
  • Ortega (2014): 60%.
  • Bukele (2025): 55%.

Y cuando la gente despertó, ya era demasiado tarde. La represión, el exilio forzado y el cierre de medios críticos se convirtieron en la nueva norma.

Lecciones urgentes para Costa Rica

Costa Rica no está exenta. Los discursos sobre orden, mano dura y “limpiar la casa” suelen ser el preludio de proyectos autocráticos.

Estas son las lecciones que no podemos ignorar:
  • La reelección indefinida rompe el principio de alternancia en el poder, pilar esencial de cualquier democracia.
  • Las etiquetas de izquierda o derecha no garantizan respeto a las instituciones. Lo que importa son los valores democráticos y la tolerancia.
  • Popularidad no es sinónimo de legitimidad. Gobernar para las mayorías no significa destruir los derechos de las minorías.
  • Quien pide el control total del Ejecutivo y del Congreso, busca el control absoluto del país. Y eso nunca termina bien.

⚠️ No entreguemos el voto como quien firma un cheque en blanco. Quien concentra el poder, más temprano que tarde, lo utilizará contra quienes lo cuestionen.

¿Repetiremos el error?

Costa Rica aún tiene margen de acción, pero el tiempo se agota. La historia reciente nos ha dejado lecciones claras y dolorosas. No podemos darnos el lujo de ignorarlas.

“En guerra avisada, no muere soldado.”

 

Deja Tu Comentario
Comparte en Tus Redes Sociales Favoritas