Costa Rica ante el espejo de El Salvador: la peligrosa “Tercera República” de Laura Fernández

El fantasma de los manoseos constitucionales cruza la región

En Costa Rica, Laura Fernández pretende maquillar su eventual Gobiernucho con la idea de una supuesta “Tercera República”, un concepto difuso y sin sustento histórico que, como ya vimos en El Salvador, puede convertirse en la excusa perfecta para desarmar la democracia desde adentro.

Mientras Nayib Bukele y sus aliados retuercen la Constitución salvadoreña para perpetuarse en el poder, en nuestro país se empieza a coquetear con nociones que implican ruptura radical del orden político. En Costa Rica se fundó La Segunda República en 1948, y hablar de una “Tercera” equivale a poner sobre la mesa la sustitución de la Carta Magna, la alteración del sistema electoral y hasta la imposición de nuevas formas de gobierno que podrían degenerar en autoritarismo.

¿Qué podría traer esa “Tercera República”?
  • Cambio de Constitución: debilitando las bases que sostienen la democracia costarricense.

  • Nuevas formas de gobierno: abrir la puerta a experimentos peligrosos, desde un régimen semipresidencial hasta un modelo autoritario disfrazado de “reforma”.

  • Sistema electoral manipulado: desde la reelección continua e ilimitada hasta imponer fórmulas que distorsionen la voluntad popular.

  • Transformación social incierta: un comodín que justificaría cualquier cambio abrupto en lo económico, cultural o político.

La lección salvadoreña

Lo que hoy ocurre en El Salvador debería ser una advertencia directa para Costa Rica. Allí, la oposición dividida permitió que un presidente con ínfulas mesiánicas hiciera y deshiciera a su antojo con la Constitución. Aquí, la ligereza con la que Fernández habla de una “Tercera República” es el primer paso de un camino conocido: promesas de cambio que terminan en concentración de poder.

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Entre espejismos y realidades

La propuesta no es más que un eslogan vacío, pero su ambigüedad es peligrosa. Lo cierto es que Costa Rica no necesita inventos políticos ni experimentos con la democracia: necesita fortalecer sus instituciones, no debilitarlas con ocurrencias que se parecen demasiado a los discursos de quienes en la región ya demostraron que las “nuevas repúblicas” solo sirven para alargar dictaduras.


 

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