Un delegado que no se esconde
El asambleísta nacional por Puntarenas denuncia censura, expulsiones y manipulación en el “narco partido” chavista
Con nombre, apellidos y cédula sobre la mesa, Carlos Vázquez Calderón, asambleísta nacional por Puntarenas (Cédula 1-1666-456), ha hecho pública una denuncia que retrata la verdadera naturaleza del Partido Pueblo Soberano (PPSO): un aparato político de corte dictatorial, obsesionado con el control y enemigo de la democracia interna que dice defender.
“No lo hago en privado ni bajo anonimato”, afirma Vázquez, en un gesto que contrasta con la cobardía política de quienes callan para conservar su puesto. Y lo que describe es digno de cualquier manual de autoritarismo tropical.
Chats oficiales convertidos en cuarteles de mando
Según Vázquez, los grupos oficiales de delegados —que deberían ser foros de deliberación, coordinación y fiscalización— se han convertido en canales unidireccionales donde solo los administradores pueden hablar.
Bajo las órdenes de Mayuli Ortega Guzmán y Boris Marchegiani, los chats se abren por escasos minutos para emitir órdenes o someter a votación lo que ya está decidido, y luego se vuelven a cerrar. Un “debate” donde la base no debate, solo obedece.
Censura selectiva y borrado de opiniones incómodas
No se trata solo de silenciar: también se borra lo que no conviene. Vázquez documenta cómo sus mensajes, críticos pero respetuosos, son eliminados sin explicación, mientras los comentarios alineados a la línea oficial permanecen intactos.
Es la receta perfecta para fabricar consenso artificial: dejar solo las voces que aplauden.
Expulsiones exprés como castigo político
En un episodio que desnuda el desprecio del PPSO por el derecho de representación, Vicky Corrales —vocal #1 del Comité Ejecutivo Central— propuso explícitamente someter a votación la expulsión de Vázquez del chat de delegados. La excusa: “puede ser notificado por otros medios”.
El objetivo es claro: aislar a quien incomoda, impedir que informe y borrar su presencia en los canales de comunicación interna. Un linchamiento digital avalado por reacciones positivas de otros dirigentes.
El libreto chavista: desacreditar para callar
Cada vez que Vázquez señala a un perfil cuestionado o plantea objeciones legítimas, la respuesta no es discutir sus argumentos, sino atacarlo. Se le acusa de “desarmonizar”, “crear división” o incluso de ser un “infiltrado”.
Se trata de la misma lógica que el chavismo usa contra la oposición: si no te controla, te destruye.
Asamblea del 10 de agosto: listas cerradas y debate cero
La próxima asamblea nacional del PPSO no será un espacio para construir consensos ni para debatir candidaturas a diputados. Su único objetivo será ratificar la candidatura presidencial de Laura Fernández, sin dar oportunidad a la base para discutir ni modificar las listas.
Es un trámite, no una asamblea. Un acto de obediencia, no de democracia.
“Unidad” como excusa para la mordaza
En los chats, Mayuli Ortega invoca a “la mayoría” para justificar expulsiones, sin actas, sin procedimientos formales, sin votos reales. La “unidad” se convierte en un pretexto para eliminar voces disidentes.
Lo que en teoría es un partido “del pueblo” funciona en la práctica como una secta controlada por unos pocos.
Una advertencia al país
La denuncia de Carlos Vázquez Calderón no es un pleito personal, es una radiografía política:
El PPSO, que nació con discursos de soberanía y participación, se ha convertido en un laboratorio de verticalismo, censura y culto a la obediencia ciega. Si así gobiernan un chat, imagine lo que harían con el país.











