✍️ Dr. Oscar Aguilar Bulgarelli | Columna de opinión | Con Fisga
El papel de las universidades en Costa Rica vuelve al centro del debate nacional, en medio de cuestionamientos políticos que reabren una discusión de fondo sobre su valor, su impacto y el rumbo de la educación superior en el país.
En este contexto, la discusión sobre las universidades adquiere una dimensión que trasciende lo coyuntural y se adentra en las raíces mismas del modelo democrático costarricense. Es desde esa perspectiva que la voz del Dr. Óscar Aguilar Bulgarelli irrumpe con claridad, aportando una reflexión crítica que invita a comprender no solo el momento actual, sino las fuerzas que lo han hecho posible.
El conflicto actual en torno a las universidades en Costa Rica
En mi libro “La Mediocracia, Colapso de la Democracia Costarricense”, de reciente publicación, trato de demostrar cómo, desde hace cuarenta años, los sectores poderosos de este país han tratado de disminuir la calidad de la educación y el desarrollo de la cultura para formar una sociedad mediocre, susceptible de ser manejada al antojo de sus intereses.
Lo que tal vez no esperaron estos sectores de nuevos ricos o herederos de la vieja oligarquía fue que, al final del camino, la aparición de una horda de aspirantes a fascistas les robara el mandado… o el poder.
Como lo señalo en varios artículos contenidos ahora en mi libro “VOZ DE ALERTA”, el chavismo se aprovechó del descontento existente en muchos sectores del país por promesas no cumplidas en el pasado, para crear una sociedad de odios y rencores.
Con ello han lanzado a miles de costarricenses despistados en contra de las instituciones nacionales, fundamentando sus argumentos en la posverdad; es decir, aparentando denuncias con base en verdades a medias y mentiras completas para ocultar la realidad de los hechos que, a fuerza de repetirlas, la población se ha tragado el anzuelo.
Dentro de estas instituciones denigradas e insultadas están las universidades públicas, que, si bien tienen problemas que deben ser corregidos, sus frutos superan en mucho los yerros que pueden haber cometido. Por algo tres de ellas, la UCR, UNA y TEC, están ubicadas como las tres mejores de Centroamérica y muy alto entre las mejores 500 del mundo.
Pero, sobre todo, nuestras universidades son altamente preciadas por la población, a pesar del ataque del gobierno de Rodrigo Chávez, como lo acaba de demostrar esta semana la encuesta de opinión publicada por el IDESPO. La mediocridad de Rodrigo Chávez, de Laura Fernández y sus más cercanos colaboradores, entre ellos Pilar Cisneros, es evidente.
Pero su ojeriza hacia las universidades no es solo producto de la pobreza intelectual que los caracteriza, sino que es más profunda y tiene que ver con la trama ideológica de los aspirantes a fascistas que recorre el mundo y, en especial, nuestro continente. Para ellos, la educación y la inteligencia son sus peores enemigos, pues lo que les interesa es tener poblaciones que acepten sus decisiones sin reclamo alguno.
Por eso me ha regocijado ver a los estudiantes y profesores reclamar los insultos llenos de repugnante desprecio de Rodrigo Chávez hacia las universidades, y exigir lo que es justo: el cumplimiento cabal de la ley, cosa que a los tiranuelos les incomoda, y mucho. El irrespeto de Chávez y Fernández, que repite como marioneta lo que dice “su jefe”, al señalar que el informe puntual de cumplimiento de las metas universitarias no eran más “que listas de supermercado”, no tiene nombre.
Esa es la pobreza mental de este maniático fascista que está a punto de dejar de ser constitucionalmente el presidente de Costa Rica para convertirse, como todo lo aparenta, en el titiritero presidencial.
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Antes de este señalamiento sobre el ataque a las universidades, Óscar Aguilar Bulgarelli ya había expuesto otra arista del mismo fenómeno: la mediocridad convertida en política pública.