✍️ Dr. Oscar Aguilar Bulgarelli | Columna de opinión | Con Fisga
De la prensa canalla a la prensa vasalla: Óscar Aguilar Bulgarelli desnuda el tránsito de ciertos medios y comunicadores que pasaron de servir a la vieja plutocracia a acomodarse ante el poder chavista.
La palabra canalla no apareció por casualidad ni fue solo un insulto lanzado al calor de la política. En Costa Rica ha servido para señalar a una prensa que, durante años, ocultó, acomodó o administró la verdad según los intereses del poder. Pero, como advierte Óscar Aguilar Bulgarelli en su columna Con Fisga, el problema no terminó ahí: una parte de esa prensa canalla habría mutado en prensa vasalla, más dócil, más obediente y más útil al régimen de Rodrigo Chaves.
Canalla: de etiqueta política a advertencia sobre la prensa vasalla
Como lo analicé extensamente en mi libro ¿Costa Rica: dictadura mediática o tiranía en democracia?, publicado en el 2016, antes del catastrófico gobierno de Carlos Alvarado, la pandemia y el terremoto grado 10 del chavismo, los grandes medios de comunicación siempre estuvieron al servicio de los intereses económicos y políticos de la oligarquía nacional, ubicada históricamente en todos los partidos políticos y manipulando a la opinión pública al antojo de esos sectores de la plutocracia.
Sin tapujos, con nombres, apellidos, pelos y señales, señalé a los responsables de haber llevado nuestra democracia a un límite peligroso, pues ocultando la verdad o manejando la información conforme a su conveniencia, habían hecho caer a la mayoría en el desencanto y la apatía democrática.
Al final del libro señalé:
“…al igual que en el resto del mundo, en esta época de globalización de toda índole, la gama de los negocios de la comunicación se utiliza para apoyar el ejercicio del poder de los grandes grupos, antaño políticos, hoy económicos…”
Esos serían los que determinaran el fin o la permanencia de nuestra democracia. Cinco años después, el Lic. Juan Diego Castro publicó su libro Embusteros de la mala fe y calificó a esos medios, especialmente a La Nación, de “prensa canalla”.
Por supuesto que de las críticas y análisis que hice en mi libro no quito ni una coma, pues lo dicho no fue la consecuencia de una noche de mal humor, sino de treinta y cinco años de incesante labor de investigación y seguimiento al tema.
Pues bien, casi coincidiendo en el tiempo, surgió aparentemente de la nada el movimiento encabezado por Rodrigo Chaves, que se lanzó, como todos saben, en una contundente y agresiva campaña política contra toda la institucionalidad nacional y contra los sectores beneficiados por aquella alianza entre la política y la plutocracia, apoyados por lo que calificó de inmediato como “prensa canalla”, copiando el término creado por el abogado Castro Fernández.
Castro Fernández, si bien al principio fue un crítico bastante acre del chavismo, terminó por plegarse a ese movimiento, incluida su famosa “escoba”.
Chaves hizo toda su campaña política y después, como presidente de la República, sustentado en una amenaza constante contra la que llamó mil veces “la prensa canalla”. Para ello tuvo como asesora a Pilar Cisneros, quien no solo había sido pieza destacadísima de esa prensa, sino que, semanas antes de la aparición de Chaves como candidato, en el programa de televisión del politólogo Claudio Alpízar, había pronosticado la tragedia que significaría para el país la aparición de un populista, pues todos irían a caer a sus pies… ¡y ella fue la primera!
Durante su presidencia, Rodrigo Chaves atacó a los medios y a los periodistas que criticaban su gestión o que, por lo menos, manifestaban criterios opuestos a algunos de sus proyectos.
El permanente calificativo de “canalla” logró mellar en el espíritu, ánimo e intereses económicos de empresas y profesionales que prefirieron cambiarse de bando y dejar de ser “canallas” para convertirse en “vasallos” bien pagados. Pero, claro, seguían cargando el mismo pecado contra la democracia, la responsabilidad empresarial y profesional: ser objetivos y decir la verdad.
Como todo régimen fascista, Rodrigo Chaves y sus huestes saben que, dentro de la estrategia de esa ultraderecha antidemocrática, la manipulación de la prensa es fundamental para mantener dominada y adormecida a la opinión pública.
Para ello crearon su prensa vasalla, primero con sus granjas de troles y creadores de contenido pagados desde la Presidencia de la República, y hoy ubicados como “asesores legislativos” y, peor aún, como diputados.
A ellos se han sumado los conversos de canallas a vasallos, como Canal 6 y Radio Monumental, de la empresa Repretel, y los noticieros de Radio Columbia. Tal vez lo más significativo ha sido la “visita furtiva” de René Picado a la oficina de Rodrigo Chaves en Zapote a fumar… la pipa de la paz, o de la obediencia.
En fin, nuestra democracia desfallece entre gritos y silencios: los gritos de los representantes del régimen en sus “conferencias” de prensa o curules legislativas; los insultos y agresiones desde las granjas de troles en las plataformas digitales; y el silencio de casi todos los medios de comunicación, pues solo unos pocos todavía batallan en la trinchera de la democracia.
Y el costarricense, indiferente, ignorante o temeroso, no se manifiesta. Ha perdido su capacidad de reacción y parece que ya se resignó a esperar la mortaja.
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Antes de analizar el paso de la prensa canalla a la prensa vasalla, Óscar Aguilar Bulgarelli también había puesto la lupa sobre otro frente sensible del país: el ataque político contra la CCSS.