Serviles, cuestionados y sin voz propia
A 13 días del cierre de renuncias, suenan nombres para la diputación que revelan el verdadero rostro del chavismo: oportunismo, escándalos y sumisión.
A escasos 13 días del plazo límite para que funcionarios del actual Gobierno renuncien si desean postularse a una diputación, comienzan a sonar con fuerza los nombres de varios jerarcas cercanos a Rodrigo Chaves que buscarían extender su inmunidad por cuatro años más, esta vez no desde Zapote, sino desde Cuesta de Moras.
Entre los primeros en la fila se encuentra Juan Manuel Quesada, presidente ejecutivo del AYA, célebre no por logros técnicos, sino por haber malvendido un vehículo de ₡20 millones para luego adquirir uno de ₡48 millones, naturalmente, no con su dinero, sino con el dinero de los contribuyentes. Esta “hazaña financiera” bien podría ser su carta de presentación para entrar al club legislativo de la improvisación y el derroche.
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También Yerlin Zúñiga del Inamu, quien ha demostrado una pasmosa incapacidad para condenar la violencia política ejercida por Zapote contra diputadas y mujeres críticas al régimen, y quien, a pesar del alarmante aumento de los femicidios, no ha logrado ni siquiera plantear una política preventiva efectiva. Su paso por el Inamu es, tristemente, tan intrascendente como su posible candidatura.
Otra que no sorprende es Paula Bogantes, ministra del Micitt, una de las funcionarias más obedientes del régimen chavista, cuya aspiración a una curul parece más una orden que una decisión. Su gestión, caracterizada por el silencio institucional y la fidelidad ciega, refleja lo que probablemente haría como diputada: levantar la mano cuando se lo pidan y callar cuando le convenga.
Arnoldo André Tinoco, actual canciller, también estaría interesado en una diputación. Su nombre ha salido a relucir por sus presuntos vínculos con estructuras paralelas utilizadas en la campaña de Chaves, lo que explica por qué busca blindarse con fuero legislativo. Al igual que Víctor Carvajal, ministro de Agricultura, quien quiere sembrarse en una curul, pese a que —según productores— nunca ha sembrado ni una mata de marihuana en una maceta.
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El narco-partido Pueblo Soberano va consolidando su lista, una mezcla de sumisión, ineficacia y escándalo, digna de una sátira política, pero peligrosamente real. Como si se tratara de un casting para “Ali Babá y los 40 diputados”, figuran también Mayuli Ortega, presidenta del partido y vinculada sentimentalmente con un narcotraficante mexicano, y Mireya Zamora, exlibertaria que ahora se perfila como oportunista en turno.
Lo que se avecina es un coctel perfecto de clientelismo, impunidad y oportunismo, justo lo que el país no necesita, pero que el chavismo promueve con entusiasmo. Si estos nombres se concretan como candidaturas, la próxima Asamblea Legislativa podría convertirse en una sucursal de Zapote, blindando al régimen y socavando la democracia desde adentro.












