En entrevista con Radio Zurqui, el politólogo Gustavo Araya lanzó algunos de sus señalamientos más duros contra el chavismo: habló de un “Estado maleante”, de “narcoestado” y advirtió que Costa Rica está en ruta hacia una dictadura.
Gustavo Araya no cree que haya subido el tono. Dice que hizo algo distinto: dejó de utilizar las categorías de una competencia política normal para comenzar a “llamar las cosas por su nombre”.
Durante una extensa entrevista en Ecos del Zurqui, el politólogo costarricense Gustavo Araya sostuvo que las reglas con las que históricamente se analizó la política de Costa Rica dejaron de ser suficientes para entender lo ocurrido desde 2022.
Su metáfora fue contundente: durante décadas, la política podía entenderse como una partida de ajedrez en la que adversarios distintos competían, pero aceptaban un tablero, reglas y árbitros comunes.
Según Gustavo Araya, eso cambió.
Ya eso no es un juego de ajedrez, ya eso es un maleante contra ajedrecistas.
La imagen que utilizó fue todavía más gráfica: alguien habría llegado a la partida “con un machete”, dispuesto a patear por debajo de la mesa, botar las piezas, insultar al adversario y atacar al árbitro.
Para Gustavo Araya, esa es la clave para entender el momento político costarricense.
Gustavo Araya: “Entró alguien con un machete”
Araya explicó que el análisis político tradicional parte de que los actores conocen las reglas y, con mayor o menor intensidad, se someten a ellas.
Partidos políticos compiten, gobiernos buscan conservar poder y distintas fuerzas intentan avanzar dentro del tablero institucional. Alrededor existen además controles como la Contraloría General de la República, el Tribunal Supremo de Elecciones, la Fiscalía y el Poder Judicial.
El problema, según el politólogo, aparece cuando uno de los participantes deja de aceptar esos límites.
Gustavo Araya sostuvo que desde 2022 se ha producido una instrumentalización del aparato estatal que altera esa lógica democrática.
Entre sus señalamientos mencionó el uso de la pauta publicitaria, los conflictos del Gobierno con medios críticos, la utilización política que atribuye a diferentes instituciones públicas, el poder de las estructuras digitales favorables al chavismo y las presiones contra periodistas, diputados y voces opositoras.
Para él, ya no se trata simplemente de un partido tratando de derrotar a otro.
Eso es un Estado maleante contra la institucionalidad.
Gustavo Araya utilizó como uno de sus ejemplos la movilización convocada durante la administración de Rodrigo Chaves hacia la Plaza de la Justicia para exigir la renuncia del fiscal general.
A su criterio, que un presidente movilice políticamente a sus seguidores contra la cabeza del Ministerio Público rompe una frontera que los gobiernos democráticos deberían respetar.
“Yo no subí el tono”
En la conversación, Este Paisano le preguntó directamente por qué durante los últimos meses su lenguaje se volvió mucho más frontal.
Gustavo Araya rechazó la idea de que simplemente hubiera radicalizado su discurso.
Yo no subí el tono. Yo lo que hice fue seguir las enseñanzas de mis maestras y mis maestros, seguir la teoría política y nombrar las cosas por su nombre.
Ese razonamiento atraviesa toda la entrevista.
Para Gustavo Araya, si los hechos muestran corrupción, corresponde hablar de corrupción. Si observa condiciones propias de una deriva autoritaria, considera que debe nombrarlas. Y si las políticas públicas relacionadas con seguridad y narcotráfico le generan dudas de fondo, sostiene que también deben ponerse sobre la mesa.
No plantea, por tanto, una discusión sobre formas o cortesía política.
Plantea una discusión sobre qué nombre corresponde darle al fenómeno político que vive Costa Rica.
Gustavo Araya habla de “narcoestado” y “narcochavismo”
Uno de los momentos más fuertes llegó cuando Araya abordó seguridad y narcotráfico.
El politólogo enumeró decisiones y circunstancias que, según su análisis, deben ser examinadas conjuntamente: cambios en controles policiales en puertos y aeropuertos, resultados en incautaciones, cuestionamientos alrededor de estructuras de seguridad y las políticas impulsadas desde el Ejecutivo.
Su conclusión no tuvo maquillaje:
Estamos frente a un narcoestado, estamos frente al narcochavismo.
Araya hizo inmediatamente una precisión importante: no estaba acusando personalmente a Rodrigo Chaves o a Laura Fernández de ser narcotraficantes.
Lo que sostuvo fue otra cosa.
Hay elementos que me hacen dudar de que las políticas públicas no hayan sido pensadas para favorecer al narcotráfico.
También cuestionó duramente las propuestas gubernamentales en materia de seguridad.
Citó como ejemplos los cambios en la denominación de las cárceles y los uniformes para las personas privadas de libertad, medidas que calificó de cosméticas porque, a su juicio, no hacen nada para combatir el narcotráfico. En contraste, cuestionó los recortes de recursos al Organismo de Investigación Judicial, que sí debilitan —según advirtió— la capacidad del Estado para investigar y enfrentar al crimen organizado.
Para Araya, muchas de esas medidas no atacan estructuralmente al crimen organizado.
“La militarización no ayuda al combate contra el narcotráfico”
La discusión derivó entonces hacia otro asunto que Radio Zurqui ha venido advirtiendo: el avance de una lógica militar dentro de las estructuras de seguridad costarricenses.
Araya fue categórico:
La militarización no ayuda en nada al combate con el narcotráfico; ayuda al combate contra la democracia.
El señalamiento conecta directamente con su tesis central.
A su juicio, las reformas planteadas no pueden analizarse de manera aislada. Deben observarse junto con el discurso contra los contrapesos institucionales y la voluntad expresa de acumular mayor poder político.
Y de ahí surgió una de las frases más graves de toda la conversación.
“Costa Rica está ya en ruta hacia la dictadura”
Gustavo Araya afirmó que la teoría política y los acontecimientos que observa en el país lo llevan a una conclusión:
Costa Rica está ya en ruta hacia la dictadura.
El politólogo hizo referencia a discursos desde el poder en los que se habla de controlar el Ejecutivo, el Legislativo y avanzar sobre el Judicial.
Para Araya, un demócrata no debería siquiera plantear como posibilidad política el cierre o sometimiento de otro poder de la República.
Costa Rica está bajo asedio de una persona con intereses dictatoriales.
Durante la entrevista se recordó además la reciente advertencia del fiscal general Carlo Díaz sobre las consecuencias que podrían tener los recortes presupuestarios para el funcionamiento del Poder Judicial.
Araya vinculó esa discusión con un proceso más amplio de debilitamiento de los controles institucionales.
Para el politólogo, el deterioro no necesariamente ocurre mediante un cierre formal de las instituciones. También puede producirse quitándoles recursos hasta impedirles cumplir sus funciones.
Un país que tenía problemas antes del chavismo
La dureza del análisis de Gustavo Araya no significó una defensa del sistema político previo a Rodrigo Chaves.
Al contrario.
Araya reconoció problemas profundos que, en su criterio, permitieron que el chavismo encontrara terreno fértil.
Habló de dos Costa Ricas: una concentrada alrededor del centro del país, con mayor acceso a riqueza, educación, servicios y oportunidades, y otra compuesta en gran medida por territorios costeros y poblaciones históricamente excluidas.
Cuestionó la concentración de riqueza, zonas francas, servicios médicos y oportunidades educativas dentro de la Gran Área Metropolitana.
También reconoció deficiencias de la Contraloría, el Poder Judicial, la Fiscalía y otras instituciones.
Pero utilizó una frase para marcar la diferencia entre reformarlas y destruirlas:
No se puede matar el perro para matar las pulgas.
Para Araya, el chavismo identificó problemas reales y construyó un discurso alrededor de ellos.
Su cuestionamiento es que, mientras denuncia las fallas del sistema, no las estaría solucionando y estaría debilitando simultáneamente las instituciones encargadas de funcionar como contrapesos.
Rodrigo Chaves, Laura Fernández y el poder real
En la parte final de la conversación apareció un punto que Radio Zurqui viene sosteniendo editorialmente desde el “traspaso de poderes”: Rodrigo Chaves dejó formalmente la Presidencia, pero conserva el poder político real.
GustavoAraya definió el fenómeno como una “diarquía”.
Alguien tiene el poder formal y alguien tiene el poder real.
Al analizar los datos del CIEP, recordó que alrededor de un 64% de la población considera que Rodrigo Chaves ejerce mucha influencia sobre Laura Fernández.
Cuando Este Paisano planteó abiertamente nuestra tesis de que Chaves se reeligió de facto y que Fernández ocupa formalmente la Presidencia mientras él continúa gobernando, Gustavo Araya respondió:
Totalmente.
Y añadió:
Hay una dualidad presidencial.
El politólogo recordó además un episodio particularmente revelador: la propia Laura Fernández ha contado públicamente que ella se refiere a Rodrigo Chaves como “presidente”, mientras él continúa llamándola “ministra”.
La frase con la que Gustavo Araya cerró esa reflexión fue igualmente directa:
A confesión de parte, relevo de prueba.
El punto de fondo
La entrevista con Gustavo Araya no fue una discusión sobre si el Gobierno habla demasiado fuerte o si la oposición debería responder con mayor moderación.
Fue una discusión mucho más seria.
El politólogo sostiene que Costa Rica ya no enfrenta simplemente una confrontación electoral entre proyectos políticos, sino un proceso en el que el poder estatal está siendo utilizado de una manera incompatible con las reglas tradicionales de la democracia costarricense.
Por eso habla de machete.
Por eso habla de Estado maleante.
Por eso habla de narcoestado y narcochavismo.
Y por eso advierte sobre una ruta hacia la dictadura.
Radio Zurqui ha venido señalando varios de esos mismos riesgos desde hace tiempo.
La diferencia es que ahora una de las voces formadas en ciencia política que participa del debate público decidió expresarlo sin rodeos.