El actor mexicano Oscar Larios conversó con Este Paisano en México sobre sus comienzos en Plaza Sésamo, el aprendizaje que recibió de grandes figuras de la actuación, su alejamiento de la televisión, los años en que representó a México sobre una patineta y el camino que finalmente lo devolvió a los escenarios.
En la Ciudad de México basta caminar con los ojos abiertos para encontrarse con una historia. En una de esas caminatas por la Plaza de Santo Domingo, a pocos metros del corazón del Centro Histórico, apareció un rostro que durante años formó parte de la televisión mexicana: Óscar Larios.
Muchos lo recuerdan por producciones como El diario de Daniela y Amigos por siempre. Sin embargo, detrás de aquel niño actor existe una historia mucho más extensa: una carrera que comenzó cuando apenas tenía cuatro años, una adolescencia que lo alejó de las cámaras, una vida paralela dentro de la cultura urbana y un regreso al teatro construido lejos de la nostalgia.
Óscar Larios: del niño actor al regreso a los escenarios
Desde la Plaza de Santo Domingo, Óscar Larios conversa con Este Paisano sobre El diario de Daniela, el skateboarding y su regreso al teatro.
Un niño de cuatro años frente a las cámaras
Óscar Larios comenzó su carrera en Plaza Sésamo. Tenía cuatro años cuando su padre lo llevó a realizar un casting en Televisa.
Para él, aquella primera experiencia no se sentía como un trabajo. Estar frente a las cámaras era una extensión de los juegos que compartía con sus hermanos mayores. Esa naturalidad llamó la atención de quienes lo rodeaban y abrió el camino para que comenzara a recibir preparación actoral.
Larios permaneció varios años en Plaza Sésamo y, durante esa etapa, empezó a participar en otras producciones televisivas. Entre ellas recuerda Los hijos de nadie, una telenovela que abordaba la difícil realidad de los niños que vivían en las calles de la capital mexicana.
También formó parte de producciones como Desencuentro, Sin ti, El diario de Daniela y Amigos por siempre, proyectos que llevaron su rostro a numerosos hogares de México y América Latina.
Aprender junto a las figuras de la televisión mexicana
Ser actor desde niño también le permitió compartir los estudios de grabación con algunas de las figuras más importantes del cine, el teatro y la televisión mexicana.
Oscar Larios recuerda haber trabajado junto a Gaspar Henaine “Capulina”, Amparito Arozamena, Carmen Montejo y Héctor Ortega. Muchos de aquellos actores ya fallecieron, pero las enseñanzas que recibió de ellos continúan presentes en su manera de entender la profesión.
Entre las figuras que más marcaron su formación destaca Odiseo Bichir, con quien compartió escenas en El diario de Daniela.
Más que aprender únicamente un diálogo o una técnica, el joven actor observaba la disciplina con la que los intérpretes experimentados se preparaban antes de entrar en escena. Miraba sus movimientos, su concentración y la forma en que construían cada personaje.
Aquellas grabaciones se convirtieron en una escuela que iba mucho más allá de cualquier salón de clases.
Cuando dejó de ser niño ante la televisión
La transición entre la infancia y la adolescencia no fue sencilla.
Óscar Larios explicó que llegó un momento en el que ya no parecía suficientemente pequeño para interpretar personajes infantiles, pero tampoco tenía la apariencia necesaria para asumir papeles juveniles o adultos.
Su rostro todavía conservaba rasgos de niño mientras su edad y su cuerpo comenzaban a cambiar. Los llamados disminuyeron y el espacio que durante años había ocupado frente a las cámaras comenzó a reducirse.
En lugar de quedarse esperando un personaje, decidió conocer lo que él llama “el lado B de Óscar Larios”.
La patineta y una nueva identidad
Larios se acercó entonces a la cultura urbana de la Ciudad de México.
Comenzó a interesarse por el breakdance, el beatbox, la música y, especialmente, el skateboarding. La patineta dejó de ser solamente una actividad recreativa y se convirtió en otra carrera.
Durante más de 17 años recorrió pistas, calles y competencias. El reconocimiento que antes había obtenido como actor comenzó a reproducirse dentro del mundo del skateboarding.
Según relató durante la entrevista, la patineta también lo llevó fuera de México, le permitió participar en competencias internacionales y representar al país. Incluso consiguió el patrocinio de una marca estadounidense vinculada con esa cultura.
La actuación había quedado temporalmente atrás, pero la necesidad de expresarse continuaba intacta. El escenario había cambiado: ya no era un foro de televisión, sino el concreto de las calles y los parques.
El regreso antes de cumplir 30 años
Mientras se encontraba en Estados Unidos y se acercaba a los 30 años, Larios comenzó a preguntarse qué había ocurrido con aquella carrera que inició cuando era niño… La respuesta fue regresar.
Volvió a México decidido a retomar la actuación. Comenzó a recibir llamados para pequeñas producciones y proyectos televisivos, pero fue en el teatro donde encontró una nueva oportunidad para reconstruirse como actor.
En los últimos años ha participado en montajes como Cyrano de Bergerac y otras producciones inspiradas en clásicos teatrales. A diferencia de la televisión, el escenario le permitió reencontrarse con la actuación desde una perspectiva adulta, con nuevas experiencias y una identidad construida lejos de los estudios donde creció.
Actualmente se prepara para una nueva temporada de Comprometidos. De acuerdo con lo anunciado por el actor durante la conversación, las funciones comenzarán el 7 de agosto en el Foro 37, ubicado en la calle Hamburgo de la Ciudad de México.
La televisión ya no es la misma
Para Larios, la industria también ha cambiado profundamente.
Las telenovelas que anteriormente se grababan durante meses —y en algunos casos durante más de un año— han cedido espacio a producciones más cortas. Las plataformas digitales transformaron las historias televisivas en series y miniseries con temporadas reducidas.
La competencia ya no existe únicamente entre las grandes televisoras mexicanas. Ahora participan plataformas internacionales que producen contenidos con formatos y ritmos diferentes.
En medio de esa transformación, el teatro se mantiene como un espacio donde el actor puede encontrarse directamente con el público y comprobar, función tras función, si una historia logra conmoverlo.
El consejo de Óscar Larios para los nuevos artistas
Cuando se le preguntó qué le diría a un niño o una niña que sueña con convertirse en artista, Larios respondió que lo primero es estudiar.
Pero para él estudiar no significa solamente asistir a una academia.
También implica observar lo que ocurre alrededor, conversar con diferentes personas y comprender la vida cotidiana. Un actor puede tener que interpretar a un carpintero, un plomero, una persona con adicciones o alguien perteneciente a un mundo completamente distinto al suyo.
Para representar esas vidas se necesita conocerlas.
Larios también recomienda aprender idiomas, cantar, bailar, tocar instrumentos y no encerrarse en una sola disciplina. Cada habilidad puede convertirse en una herramienta cuando llegue el momento de construir un personaje.
La historia de Óscar Larios no terminó cuando dejó de ser el niño que aparecía en las telenovelas. Continuó sobre una patineta, cruzó fronteras y regresó finalmente al lugar donde había comenzado.