¿Zarzuela o Zarandaja? Dudas sobre la Embajada de España y su sintonía con Zapote

La diplomacia debe estar al servicio de los pueblos, no de los shows oficiales.

Una publicación inexacta de la embajada española y su cercanía con Rodrigo Chaves abren interrogantes sobre el papel diplomático frente a la desinformación oficialista.

La Embajada de España en Costa Rica anunció con entusiasmo en sus redes sociales el “retorno de la zarzuela a Costa Rica después de 40 años de ausencia”, destacando la obra El barberillo de Lavapiés como el evento que marcó dicho regreso. La función, según su publicación, fue un esfuerzo conjunto entre el Ministerio de Cultura, la Orquesta Sinfónica Nacional y el maestro español Andrés Salado, con participación directa de la embajadora, quien saludó “al equipo de españoles que contribuyeron a este éxito”.

Sin embargo, la memoria cultural del país y los registros oficiales desmienten esa afirmación. En agosto de 2005, se presentó en el Teatro Melico Salazar la zarzuela Luisa Fernanda, comedia lírica en tres actos de Federico Moreno Torroba. La puesta en escena fue dirigida por Constantino Juri y la dirección musical estuvo a cargo de Javier Logioia Orbe. Esta producción se presentó durante seis días (26, 27, 28, 29, 30 y 31 de agosto) con funciones dobles en algunos casos, y tuvo amplia difusión mediática.

La memoria cultural no miente: la zarzuela ya había vuelto a Costa Rica en 2005

¿Desconocimiento o manipulación? La afirmación de que El barberillo de Lavapiés marcó el retorno de la zarzuela a suelo costarricense no solo es imprecisa, sino que plantea una pregunta más profunda: ¿Está la embajada española reproduciendo sin cuestionar los relatos oficiales del gobierno de Rodrigo Chaves?

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La sospecha toma fuerza si se observa el contexto inmediato de la publicación. Un día antes, la misma embajada compartió otra actividad: la participación de la embajadora junto al presidente Rodrigo Chaves y el ministro de Comercio Exterior, Manuel Tovar, en la inauguración del nuevo Centro de Control Fronterizo en Peñas Blancas.

La coincidencia temporal entre la publicación cultural y la actividad con el Ejecutivo levanta cejas. ¿Estamos ante una diplomacia cultural o ante una diplomacia alineada a los intereses propagandísticos de Zapote? La diplomacia, como principio, exige equilibrio, respeto a la historia y apego a los hechos. En este caso, la omisión de una producción anterior documentada y de gran nivel, podría interpretarse como un intento de reforzar una narrativa favorable al gobierno, que busca copar todos los espacios simbólicos posibles.

No es la primera vez que sectores críticos al gobierno advierten sobre la creciente instrumentalización del arte, la cultura y las relaciones internacionales como mecanismos de validación para un régimen cuestionado por sus ataques a la prensa, el irrespeto a los contrapesos democráticos y su discurso agresivo.

 

 

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