✍️ Dr. Oscar Aguilar Bulgarelli | Columna de opinión | Con Fisga
Óscar Aguilar Bulgarelli analiza cómo la nueva derecha radical amenaza la institucionalidad costarricense y coloca al ICE en el centro de una disputa política, económica e ideológica.
Derecha radical, ICE y democracia: la disputa de fondo en Costa Rica
Este tema es muy serio y grave, ajeno a los denuestos que pueda generar en las redes sociales dominadas por los troles o bots, engendros del chavismo. Por eso, voy a comenzar con una explicación casi didáctica, para que nos ubiquemos exactamente sobre lo que estamos tratando.
Empecemos por señalar que no nos estamos refiriendo a la derecha tradicional que apoyó las ideas de la democracia liberal y que, como sucedió en Costa Rica, supo convivir con la alternancia de partidos socialdemócratas o socialcristianos y sus reformas sociales.
No. Esta nueva derecha, o “conservadurismo radicalizado”, como la califican varios autores, entre ellos Natascha Strobl en su libro La nueva derecha, es otra cosa. Es tan extremista que se cayó del borde de la mesa para terminar en aguas procelosas de orientación fascista, donde sus seguidores nadan a placer.
Cuando un movimiento político con esta orientación, sea cual sea su estructura, llega al poder, actúa de inmediato para establecer formas de autoritarismo cada vez más radical. Sobre esto dice Strobl:
“Formalmente ocupan los más altos cargos del Estado, pero es precisamente esta posición la que utilizan para desmantelar el sistema democrático que los llevó a la cima. Esto afecta a todos los ámbitos del Estado, pero en especial al sistema judicial y al Parlamento: el Poder Ejecutivo va en contra del Judicial y del Legislativo. En el proceso, la separación de poderes, que es constitutiva del Estado-nación moderno y democrático, se está erosionando rápida y sistemáticamente. El llamado ‘cuarto poder’, los medios de comunicación, también está siendo acorralado y saboteado, y el Estado de bienestar, el mayor logro del movimiento obrero organizado en el siglo XX, está siendo debilitado…”.
Y además agrega que, una vez en el poder y de cara al exterior, o sea al resto de la sociedad, se presentan como:
“Las víctimas de un ominoso Estado profundo o de ‘redes rojas’ secretas en el aparato judicial, realmente conservador. En el proceso, el Parlamento se convierte en una institución elitista distante que no puede juzgar al líder elegido por el pueblo; los medios son una red incendiaria de izquierda que difunde noticias falsas unilaterales; el Estado de bienestar alimenta a los perezosos y los emigrantes a costa de los ciudadanos locales y laboriosos”.
Quien lea con cuidado esas citas fácilmente puede comparar esas características del asalto al poder por parte de los aspirantes a fascistas de la nueva ultraderecha, con la desgracia que está sufriendo Costa Rica en los últimos años y que el pueblo básico y obnubilado votó para que continuara cuatro años más con la destrucción de nuestra democracia.
Calificar al ciudadano con adjetivos groseros y de menosprecio es lo típico de estos movimientos. Por eso, si les dicen “básicos”, es parte de la estrategia de cegarles la mente con mentiras y posverdad, pues, como bien lo cita F. Finchelstein en su libro Aspirantes a fascistas, Goebbels reconocía:
“Nuestra propaganda es primitiva, porque el pueblo piensa de forma primitiva. Hablamos el lenguaje que entiende el pueblo”.
En pocas palabras, la definición de la política de mentiras y el calificativo de “básicos” que diera Pilar Cisneros. Por su parte, Finchelstein afirma también que:
“El intento fascista de una propaganda ‘primitiva’ produce efectos hipnotizantes para los creyentes y, al mismo tiempo, aberrantes, irreales e incluso estúpidos para los críticos, lo que también confirma que los líderes siempre tienen la razón, y los otros, incluidos los periodistas, deben aceptar sus explicaciones sin preguntar…”.
De esa manera, con la actitud ideológica premeditada de destruir toda la institucionalidad del país, en este momento tienen al ICE como su víctima inmediata en manos de los sicarios de la institucionalidad.
El famoso proyecto de la “armonización” lo único que conlleva es la entrega de nuestra riqueza energética en manos de unos muy pocos generadores privados para que, precisamente, generen pingües ganancias en su beneficio y a costa de los bolsillos de la ciudadanía que sigue aplaudiendo al verdugo que pretende sacrificar al ICE.
Para seguir engañando a los “básicos”, arman la pasarela mediática. Por ahí pasa un expresidente del Saprissa, socio y máximo ejecutivo de Genera Holdings, o los representantes de la UCCAEP, para que hablen a nombre de sus asociados, los generadores privados, dentro de los cuales hay algunos que Rodrigo Chaves insultó, denigró y llamó “costarricenses con corona”; ahora se las quiere adornar con los diamantes de la generación eléctrica, gracias al proyecto que él preparó y envió a la Asamblea Legislativa, y que mantienen vigente sus entenados políticos en el Poder Ejecutivo y Legislativo.
Ahora resulta que a los defensores de la democracia, la institucionalidad y, en este caso, el ICE, nos gritan: ¡COMUNISTAS!, con una ignorancia pasmosa o con un cerebro que no logró sobrepasar los tiempos de la Guerra Fría.
Lo que el ciudadano costarricense debe entender es que, si ese calificativo perdió toda vigencia histórica, ideológica, política, económica y social, no sucede igual con los aspirantes a fascistas, que sí están resucitando esa vieja ideología antidemocrática y enemiga de todo lo que podemos llamar Estado social de derecho, a través de dictaduras reales como la de Bukele en El Salvador, o autocracias electorales como las de Trump en Estados Unidos, Kast en Chile, Milei en Argentina, Daniel Noboa en Ecuador, Rodrigo Paz en Bolivia y el chavismo en Costa Rica, entre otros, que están destruyendo la herencia institucional que ha beneficiado a miles por décadas en toda nuestra América.
Entonces, costarricense: ¿de qué lado se coloca? ¿Es de los que protege esa herencia o de los que la destruye?… Pero después no se arrepienta, pues la historia enseña que generalmente los pueblos despiertan cuando ya es demasiado tarde.
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Si esta columna advierte sobre una derecha radical que amenaza al ICE y a la institucionalidad costarricense, en La dignidad del cargo Óscar Aguilar Bulgarelli profundiza en otro tema de fondo: el respeto que exige la función pública cuando se ejerce desde el poder.
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