Gustavo Román advierte que la cobardía ciudadana es hoy la mayor amenaza para la democracia

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El jerarca del TSE advierte que la democracia se erosiona cuando la ciudadanía calla ante el abuso del poder.

El abogado y politólogo Gustavo Román Jacobo, Director General de Estrategia y Gestión Política del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), publicó este domingo en el diario La Nación la columna titulada “Pusilanimidad y democracia”, un análisis de alto calibre institucional que plantea que la mayor amenaza para la democracia costarricense no proviene únicamente de los liderazgos autoritarios, sino del silencio de la ciudadanía, la resignación social y la incapacidad colectiva para enfrentar el abuso del poder.

En una columna publicada este domingo en La Nación, el Director General de Estrategia y Gestión Política del Tribunal Supremo de Elecciones, Gustavo Román Jacobo, señala que la “pusilanimidad” —el silencio cómplice y el miedo a hablar— está debilitando aceleradamente el tejido democrático de Costa Rica.

Su mensaje, directo y profundamente oportuno en el contexto político actual, remarca la urgencia de que Costa Rica recupere la valentía cívica que siempre la caracterizó.

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La tesis central: la democracia no se sostiene sin coraje ciudadano

En su columna, Román recuerda que hace 19 años escribió un artículo con el mismo título, advirtiendo que la democracia exige firmeza ética para enfrentar a quienes buscan minarla. Hoy —subraya— la situación es más crítica: la cobardía social se expande más rápido que el autoritarismo, y si la ciudadanía deja de hablar, deja de cuestionar y deja de resistir, el retroceso democrático se vuelve inevitable.

El autor es contundente al señalar que la democracia no es solo un sistema jurídico o institucional. Es, sobre todo, un hábito cultural basado en el respeto, el pensamiento crítico y el coraje moral. Y ese tejido —alerta— se está rompiendo.

Advertencia directa: “No callar es hoy más importante que nunca”

Uno de los ejes más poderosos de su texto es la afirmación de que “no callar es hoy más importante que nunca”.

Román explica que existen momentos históricos en los que el silencio deja de ser prudencia para convertirse en complicidad. Cuando el miedo generalizado impide opinar, cuando el fanatismo reemplaza al diálogo y cuando el poder se acostumbra a humillar sin resistencia, la democracia pierde su esencia.

La columna recalca que la cobardía pública —la pusilanimidad— permite que:

  • Los abusos se normalicen.

  • Los ataques contra instituciones se vuelvan rutina.

  • Los discursos de odio ganen terreno.

  • Los autoritarios se sientan impunes.

  • La ciudadanía se vuelva espectadora, no protagonista.

Román subraya que callar nunca ha protegido a nadie. Históricamente, lo único que protege a un país es la valentía colectiva.

Un mensaje implícito para el momento político que vive Costa Rica

Aunque el autor no menciona directamente al Gobierno, su análisis coincide de manera clara con el deterioro actual del clima democrático:

  • Ataques sistemáticos del Ejecutivo contra el TSE.

  • Hostilidad constante hacia la prensa independiente.

  • Discursos intimidatorios contra funcionarios públicos.

  • Narrativas que fomentan división, miedo y resentimiento.

  • Manipulación de la opinión pública mediante redes de troles.

  • Deslegitimación de instituciones como el OIJ, la Contraloría o la CCSS.

En este contexto, las palabras de Román adquieren un peso político innegable: Costa Rica está en un punto en el que la indiferencia social puede resultar tan peligrosa como el abuso del poder.

La democracia exige ciudadanía activa, no espectadores silenciados

El Director General del TSE señala que la democracia no se defiende sola; necesita ciudadanos que hablen, denuncien, cuestionen, voten y participen sin miedo.

Román sostiene que el mayor peligro no es la existencia de políticos que buscan manipular o imponer su voluntad, sino la inhibición de quienes deberían contrarrestarlos.

La cobardía colectiva —explica— se convierte en terreno fértil para:

  • Los populismos autoritarios.

  • Las mentiras institucionalizadas.

  • La degradación del debate público.

  • La intolerancia disfrazada de “lucha contra la corrupción”.

  • Los liderazgos que usan el miedo para gobernar.

Su llamado es claro: una democracia sin coraje cívico está condenada a retroceder.

Un cierre contundente: la valentía es la columna vertebral de la democracia

Román concluye citando a Rubén Blades:

“Si yo he vivido para algo, y que me entierren para eso: que el precio que pagué y el que uno vive amedraliao, yo no creo que ese sea el país donde debamos resignarnos a vivir.”

El mensaje es inequívoco: Costa Rica no puede aceptar como normal un clima de intimidación, miedo, abuso y manipulación.

La valentía ciudadana no es un adorno democrático; es su columna vertebral.

Conclusión editorial

Desde Radio Zurquí subrayamos la relevancia de esta columna: una democracia se defiende hablando, no callando.

La advertencia de Gustavo Román no es retórica: es un llamado urgente, institucional y ético en un momento en que el país enfrenta presiones que ponen a prueba su compromiso histórico con la libertad y la civilidad.


Lea el articulo original de la Nación: Las democracias también mueren de cobardía
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