Mientras Pilar Cisneros inicia una recuperación que podría extenderse durante meses, el fiscal general enfrenta una nueva ofensiva desde el Ejecutivo. Detrás aparece un antecedente incómodo: Gabriel Aguilar ya había admitido un conflicto familiar con Díaz.
Carlo Díaz volvió a quedar en el centro de una ofensiva política desde el Poder Ejecutivo justo cuando Pilar Cisneros sale temporalmente del foco público tras someterse a una extensa cirugía.
La historia no comienza esta semana. El 3 de setiembre, el ministro de Justicia y Paz, Gabriel Aguilar, envió una protesta formal al presidente de la Corte Suprema de Justicia por la alerta migratoria utilizada por la Fiscalía para localizar y notificar a Cisneros dentro de la causa que investiga el presunto financiamiento irregular de la campaña electoral de 2022.
Aguilar calificó la actuación de “abusiva y desproporcionada” y pidió investigar tanto a Carlo Díaz como a la fiscal adjunta Edith Morera.
Hay un detalle difícil de ignorar: el propio abogado de Pilar Cisneros calificó posteriormente la alerta migratoria como una actuación “totalmente normal” dentro de las facultades del Ministerio Público.
Carlo Díaz y el antecedente de “esto sí es personal”
La intervención de Aguilar adquiere otra dimensión al revisar lo ocurrido meses atrás.
En junio, el ministro presentó una denuncia contra Carlo Díaz y decenas de fiscales. Según relató entonces el fiscal general, cuando intentó bajar el tono del enfrentamiento diciéndole que aquello no debía ser personal, Aguilar respondió:
“Esto sí es personal, yo recuerdo lo que usted le hizo a mi familia”.
Se refería a su hermano Esteban Aguilar, exfiscal de Cibercrimen. El propio ministro reconoció públicamente que le recordó a Carlo Díaz que, según su versión, se había “metido con mi familia”, aunque sostuvo que esa situación era independiente de la denuncia presentada.
Ahora, meses después, Aguilar vuelve a utilizar su cargo para solicitar una investigación contra el mismo fiscal general.
Carlo Díaz respondió esta vez sin rodeos en un video difundido en redes sociales:
“Hasta mandan oficios al presidente de la Corte para que me callen. No, no, no, a mí no me van a callar”.
La frase coloca una pregunta inevitable sobre la mesa: ¿Estamos solamente frente a una discrepancia institucional o ante una confrontación personal que terminó alcanzando los despachos del Estado?
Pilar se aleja del foco público
Mientras la presión sobre la Fiscalía aumenta, Pilar Cisneros inicia una prolongada recuperación.
Un medio chavista informó que la exdiputada fue sometida este martes a una cirugía de varias horas y que el procedimiento resultó exitoso. Su esposo, Edgar Espinoza, confirmó al “medio” que Cisneros enfrenta ahora terapia y rehabilitación y que su recuperación podría mantenerla varios meses fuera del foco público.
Días antes, Cisneros había solicitado posponer su indagatoria alegando precisamente la intervención quirúrgica, un período de recuperación inicialmente estimado en unos 30 días y la necesidad de estudiar miles de folios del expediente.
Tiene derecho a hacerlo.
Y ese es precisamente el punto.
Cuando la paciente se llamaba Ofelia
Rodrigo Chaves utilizó durante años el caso de Ofelia Taitelbaum para atacar al Poder Judicial. Taitelbaum agotó recursos legales antes de que su condena quedara firme y, posteriormente, cuando obtuvo arresto domiciliario por una condición médica, Chaves ironizó diciendo que estaba “muy malita de salud”, habló de una supuesta “red de cuido” y cuestionó el criterio que permitió sacarla de prisión.
Hoy nadie debería cuestionar que Pilar Cisneros se opere, se recupere o ejerza todos los derechos que le garantiza la ley.
Pero esos derechos también existían cuando la persona investigada, acusada o condenada no pertenecía al círculo político del chavismo.
Ahí aparece el doble rasero: cuando era Ofelia, se cuestionaban los recursos, los jueces y hasta la enfermedad. Cuando es Pilar, la mirada del poder no apunta hacia ella. Apunta hacia Carlo Díaz.