Cuando el show se normaliza es porque no hay resultados que mostrar. Y en Costa Rica el espectáculo dejó de ser una distracción ocasional: se convirtió en método de gobierno. Mientras aumentan la violencia, el exilio y los señalamientos políticos, el poder fabrica escándalos, enemigos y anuncios absurdos para evitar que miremos de frente aquello que no puede resolver.
Frente a este escenario, Erick Sojo corre el telón y señala aquello que el poder pretende ocultar: los exilios, la persecución política, la violencia desbordada y las cortinas de humo de un Gobierno que convirtió el espectáculo en sustituto de los resultados. Esta es su voz.
Un Gobierno sin resultados necesita un espectáculo
Este fin de semana, la activista social Sylvia Ziesing hizo público su exilio. El lunes lo hizo Este Paisano. Como ellos, hay decenas de personas que se han exiliado o han buscado refugio en otros países.
El número es incierto porque no existen registros oficiales. Los países receptores no hacen públicas esas cifras y, claramente, en Costa Rica nadie parece interesado en llevar la cuenta.
Pero hay algo todavía más revelador: pese a las graves acusaciones que Ziesing y Este Paisano formularon, cada uno por su cuenta, ningún periodista le preguntó a la presidenta por ellas durante su show. Ni una sola pregunta. El Gobierno montó su espectáculo y quienes tenían la oportunidad de incomodarlo dejaron pasar dos denuncias que merecían, como mínimo, una respuesta pública. A veces, las cortinas de humo también se sostienen con el silencio de quienes deberían correrlas.
Ayer denunciaba lo que, a mi criterio, constituye el primer preso político de este gobierno: el abogado Cristian Arguedas.
Mientras a Arguedas lo mandan a máxima seguridad, la señora Ana Ruth Esquivel fue premiada con una diputación en medio de una investigación por un supuesto delito similar al que le achacan a Arguedas. A uno lo encierran; a la otra la premian. La diferencia no parece estar en la acusación, sino en el lado político desde el cual se mira.
Las muertes violentas ya rondan las 500. Sin embargo, desde el Poder Ejecutivo no aparecen soluciones, sino cortinas de humo y espectáculos cada vez más absurdos.
La bancada criminal chavista se enojó porque el diputado Edgardo Araya, del Frente Amplio, dijo que Laura Fernández “se hace la tontica”. Levantaron un escándalo, fabricaron un revuelo y fingieron una indignación monumental. Claro, necesitaban bajarle el piso al Plantón por la Democracia, una manifestación que reunió a más de 40 mil personas, según las estimaciones.
Mientras tanto, una diputada de esa misma fracción del crimen organizado se refirió a Claudia Dobles y Abril Gordienko como “damas de compañía”.
Esa es la doble moral —o el doble rasero— de estos malnacidos: se rasgan las vestiduras cuando alguien cuestiona a Laura Fernández, pero celebran, justifican o guardan silencio cuando los insultos salen de sus propias filas.
En el show de este miércoles, Laura Fernández dijo que ha hablado con muchos jóvenes que “perdieron la vida”.
Eso nos confirma que el diputado Edgardo Araya se equivocó: ella no se hace, es.
También durante el espectáculo de hoy, el ministro de Justicia anunció que tiene identificados a “los zurdos” que se reunieron “hace unos días”.
Y cuando el poder comienza a identificar ciudadanos por reunirse o por pensar de determinada manera, ya no estamos ante una simple fanfarronada. Estamos hablando de intimidación y represión política.
Según nuestra Carta Magna, los costarricenses y quienes habitan en suelo nacional tenemos derecho a reunirnos y a ejercer libremente nuestras creencias y nuestro pensamiento. El Gobierno no tiene por qué llevar listas ideológicas ni señalar ciudadanos por reunirse. Mucho menos puede tratar como sospechoso a quien piensa distinto.
Pero faltaba el gran cierre del show.
Laura había anunciado que, durante su programa, anunciaría un anuncio.
Todos expectantes.
El anuncio anunciado fue que ya llegó más tela naranja para confeccionar los uniformes de los privados de libertad.
No se ría, que es en serio.
Mientras el OIJ arriesga la vida de sus agentes en allanamientos y operativos contra el crimen, la presidenta de la República utiliza su espectáculo para anunciar que consiguió tela naranja para los uniformes de las cárceles.
Ese es el tamaño de sus resultados y, quizá por eso, necesitan que el show sea cada vez más grande.
Yo no me guío por encuestas. Sin embargo, hoy una encuestadora internacional colocó a Laura en el séptimo lugar de aprobación entre los mandatarios de América Latina.
¿Será que dentro de un año la veremos con un 70 % de desaprobación?
Solo necesitó tres meses para reunir a más de 40 mil personas en la Plaza de la Democracia para repudiar su gestión. Algo así no ocurría desde hace varios cuatrienios.
Tal vez por eso el Gobierno necesita producir escándalos, perseguir “zurdos”, fingir indignación y anunciar hasta la llegada de un rollo de tela. Porque cuando no existen resultados para gobernar, el espectáculo se convierte en gobierno.
Pero ningún show dura para siempre.
Tarde o temprano se encienden las luces, cae el telón y el público descubre que detrás del ruido, los insultos y la propaganda no había absolutamente nada.