La narrativa oficial sobre seguridad nacional en Costa Rica, a partir de la visita de Kristi Noem, evidencia inconsistencias, ataques a la Contraloría y una preocupante lectura sobre soberanía y control institucional.
La Presidencia de la República volvió a recurrir al discurso de la seguridad nacional para proyectar firmeza frente al narcotráfico. Sin embargo, su más reciente publicación sobre la visita de Kristi Noem deja más preguntas que certezas: errores en la información oficial, ataques directos a la Contraloría General de la República y una narrativa que intenta presentar como éxito lo que, para muchos, refleja una preocupante dependencia externa en materia de seguridad nacional.

El mensaje, difundido en redes oficiales, describe un “paso firme y contundente” en la defensa del país. Pero ese tono triunfalista contrasta con un detalle que no pasó desapercibido: la información sobre el cargo de la funcionaria estadounidense no corresponde con su situación actual, lo que evidencia un manejo impreciso incluso en un tema sensible como la seguridad nacional.
A pesar de ello, el discurso insiste en mostrar control, resultados y liderazgo en esta materia. Sin embargo, el contenido va más allá de un simple anuncio: incluye un nuevo señalamiento contra la Contraloría, como ya ha ocurrido en otros episodios recientes.
Errores, narrativa y ataque institucional
La publicación no solo busca posicionar una imagen de acción gubernamental en materia de seguridad nacional, sino también instalar un relato político. En ese relato, cualquier control institucional es presentado como obstáculo y cualquier cuestionamiento como una traba al avance del país.
La mención directa a la Contraloría General de la República no es menor. Se trata de un órgano clave en el sistema democrático costarricense, cuya función es precisamente vigilar el uso de los recursos públicos y garantizar la legalidad de las decisiones del Ejecutivo.
Sin embargo, el discurso oficial insiste en convertir esa fiscalización en un problema, reforzando una narrativa peligrosa: la idea de que el control institucional estorba cuando lo que hace es proteger el orden jurídico y el interés público desde el marco legal.
Seguridad nacional o dependencia estratégica
Más allá del error y del ataque institucional, el mensaje deja ver una contradicción de fondo en la narrrativa. Mientras se habla de proteger al país, se destaca como logro el respaldo de los Estados Unidos en la instalación de escáneres y en la estrategia contra el narcotráfico.
El problema no es la cooperación internacional, sino cómo se presenta dentro del discurso oficial.
Porque cuando la narrativa oficial convierte el apoyo externo en el eje central de la política de seguridad, surge una pregunta inevitable: ¿dónde queda la capacidad propia del Estado costarricense?
Hablar de soberanía mientras se construye una política dependiente de actores externos no es fortaleza. Es una señal de debilidad estructural que el discurso intenta maquillar bajo una narrativa de control y defensa del país.
Una imagen que redefine la seguridad nacional

La escena que acompaña el mensaje refuerza esa percepción.
Mientras una funcionaria extranjera aparece en posición dominante, el presidente de Costa Rica inclina la cabeza.
NO ES PROTOCOLO. ES PODER.
En política internacional, los gestos son lenguaje. Y ese lenguaje proyecta algo más que cortesía: proyecta relaciones de poder que también forman parte del debate sobre seguridad nacional y la soberanía.
La imagen deja una pregunta incómoda sobre la mesa:
¿estamos ante una relación diplomática equilibrada o ante una forma de subordinación simbólica dentro dentro del ejercicio de la soberanía nacional?
Cuando un país se acostumbra a mirar hacia afuera para definir su rumbo, pierde algo más que postura. Pierde capacidad de decisión en su propia identidad nacional.
Cuando el relato sustituye la seguridad nacional
El problema no es un error puntual ni una frase desafortunada. Es el patrón.
Un patrón donde se exageran logros, se atacan instituciones de control y se construye un discurso que pretende disfrazar la dependencia como fortaleza.
En ese contexto, la seguridad nacional deja de ser una política pública y se convierte en una herramienta narrativa.
Y cuando la narrativa sustituye la realidad, el país pierde claridad sobre lo que realmente está ocurriendo.
Costa Rica no necesita discursos grandilocuentes ante emisarios del imperio. Necesita precisión, respeto institucional y claridad en sus relaciones internacionales. Porque cuando el relato se cae… lo único que queda es la realidad.
