6 millones de dólares botados por caprichos políticos
La Ruta 32, vital para la conectividad nacional, se convirtió en el mejor ejemplo del despilfarro y la improvisación del gobierno de Rodrigo Chaves. Lo que se prometió como una obra estratégica terminó siendo un laboratorio de caprichos ministeriales que hoy dejan pérdidas millonarias, retrasos y un futuro incierto para los usuarios de la carretera.
Improvisación disfrazada de técnica
El ingeniero Mario Durán, experto en movilidad y exmiembro de la Junta Directiva del Consejo de Concesiones, fue claro en Ecos del Zurqui: las rotondas cuadradas en la Ruta 32 no fueron una decisión técnica, sino una locura política impulsada por el exministro Luis Amador, quien estaba —según sus propias palabras— “enamorado” de esta ocurrencia vial.
Pero la improvisación no terminó ahí. Su sucesor, Mauricio Batalla, detuvo las expropiaciones necesarias para construir pasos a desnivel, dejando claro que la intención era dejar las rotondas como solución definitiva. Hoy, apenas un año después, hasta el propio Chaves admite que esas estructuras son un peligro para los conductores.
El costo del despilfarro
Cada rotonda le costó al país entre 250 mil y 300 mil dólares, cuando una solución provisional mucho más segura —como semáforos— no superaba los 25 mil dólares. La factura final: alrededor de 6 millones de dólares botados a la basura.
Responsabilidades que no pueden quedar impunes
El ingeniero fue claro: el Ministerio Público debe investigar responsabilidades penales y el Colegio de Ingenieros debe sancionar a los profesionales que avalaron estas barbaridades técnicas.
La Ruta 32, que no estará lista antes del final del gobierno de Chaves en 2026, quedará como otro símbolo del desorden, el despilfarro y la improvisación de esta administración. Una herencia de asfalto agrietado y millones perdidos que pagará, como siempre, el pueblo costarricense.






