El abogado José Miguel Villalobos Umaña, aspirante a diputado por Pueblo Soberano, busca una curul mientras su nombre vuelve a aparecer ligado a la defensa de hombres condenados por femicidio, una contradicción que abre preguntas sobre quiénes pretenden llegar a escribir las leyes del país.
¿Qué ocurre cuando un abogado que aspira a convertirse en legislador defiende públicamente argumentos utilizados para intentar revertir condenas por femicidio? José Miguel Villalobos Umaña no llega a la contienda electoral como un desconocido: su trayectoria, sus posiciones públicas y los casos que ha asumido obligan a mirar más allá de la propaganda electoral. Mientras busca un lugar en la Asamblea Legislativa por Pueblo Soberano, su nombre vuelve al centro del debate por una pregunta que trasciende una candidatura: ¿Qué visión sobre la violencia de género puede terminar sentándose también a escribir las leyes de Costa Rica?
El caso, resuelto por el Tribunal de Apelación de Sentencia Penal del III Circuito Judicial de Alajuela, revela que Villalobos presentó una apelación fallida en favor de un hombre sentenciado por asesinar a su esposa y simular su suicidio.
Según el tribunal, el aspirante a diputado por Pueblo Soberano alegó que el fallo debía anularse porque no se describía “explícitamente” el momento del disparo y porque —en su criterio— la mujer “pudo haberse quitado la vida”.
Los jueces fueron contundentes: la condena está plenamente fundamentada y el acusado ejerció violencia psicológica y control tecnológico sobre su víctima, en un claro patrón de ciberviolencia de género.
Un peligro en potencia
Lo alarmante no es solo su prontuario como defensor de violadores, homicidas y narcotraficantes, sino su ambición: llegar al Congreso.
Si este abogado —que dedica su carrera a proteger femicidas— llegara a tener poder legislativo, ¿qué tipo de leyes escribiría?
¿Leyes que den más derechos a los agresores que a las víctimas?
¿Leyes que revictimicen a las mujeres mientras sus asesinos son absueltos por tecnicismos?
Este no es un debate político: es un llamado de alerta social.
Las mujeres de Costa Rica deben saber quiénes pretenden ocupar una curul: hombres como José Miguel Villalobos, que han hecho carrera defendiendo a los verdugos de sus parejas.
Porque detrás de cada expediente judicial, hay una vida segada. Y ningún agresor debería tener un abogado sentado en el Congreso dictando las reglas del juego.