Sector evangélico firma “pacto moral” con representante de violadores y asesinos
El narco-partido Pueblo Soberano volvió a colocarse en el centro de la polémica tras la divulgación de una “Carta Compromiso con Principios y Valores Cristianos”, firmada por su candidata presidencial Laura Fernández y sus aspirantes a diputaciones, entre ellos José Miguel Villalobos y Mayuli Ortega Guzmán.
El documento, presentado como un decálogo de “valores morales”, exige lealtad a la vida “desde la concepción hasta la muerte natural” (aunque naturalmente esa muerte puede ser causa de la inseguridad a la que ella pretende darle continuidad) , defensa de la “familia natural”, objeción de conciencia en el sector público y “transparencia radical” en el ejercicio del poder.
Sin embargo, las firmas que lo respaldan desnudarían más cinismo que virtud.
Villalobos, Ortega y Fernández: moral en el discurso, sombras en el pasado
El abogado José Miguel Villalobos, célebre por defender narcotraficantes, asesinos y al propio Rodrigo Chaves, estampa su nombre bajo un texto que proclama “honestidad, probidad y verdad sin sombras”.
La presidenta del partido y aspirante a una curul por San José Mayuli Ortega, cuyo expediente civil aparece reservado y en trámite ante el Gobierno de Quintana Roo en México, respalda un pacto que en teoría exige “transparencia radical”.
Y la candidata Laura Fernández, conocida por su costumbre de firmar en el aire y sin que el bolígrafo toque el papel, repite el gesto simbólico que la persigue desde su paso por el gobierno: firma hoy lo que olvida mañana.
Fabricio Alvarado rompe el relato
El intento de Pueblo Soberano por capturar el voto cristiano conservador se derrumbó en cuestión de horas.
El líder histórico del sector conservador evangélico y candidato presidencial de Nueva República, Fabricio Alvarado, desmintió categóricamente la supuesta alianza y declaró en un video que:
Con esas palabras, Alvarado dinamitó la narrativa que Laura Fernández intentaba construir y abrió una fisura evidente dentro del bloque evangélico.
Mientras Pueblo Soberano se aferra a un sector religioso marginal, el líder histórico del conservadurismo cristiano marca territorio y denuncia impostores.
Una fractura que expone el oportunismo
El episodio deja al descubierto una realidad incómoda:
el conservadurismo religioso costarricense ya no es un bloque homogéneo, sino un campo en disputa entre egos, intereses políticos y moralismos selectivos.
Lo que intentaron vender como un gesto de “unidad en valores” terminó revelando una pelea por la marca “Dios” en la política costarricense.
En la práctica, la carta compromete a sus firmantes con principios que ellos mismos han vulnerado, y exhibe cómo el discurso moralista sirve de cortina para ambiciones personales y alianzas de conveniencia.
La moral de los inmorales
Porque hay límites que la decencia no puede tolerar: ¿Cómo puede proclamarse garante de la ética un abogado que ha hecho carrera defendiendo a violadores, asesinos, narcotraficantes y corruptos?
Y peor aún, ¿Cómo puede firmar una “carta moral” una mujer como Mayuli Ortega, rodeada de personajes ligados al narcotráfico y al crimen organizado, cuya sola cercanía debería excluirla de cualquier discurso sobre integridad?
Lo que Pueblo Soberano presenta como “principios” no es más que una escenografía hipócrita, una cruz de utilería donde cuelgan la mentira, la impunidad y la manipulación religiosa al servicio del poder.
Pero el escándalo no termina ahí. Lo más grave es el papel de los líderes evangélicos que prestaron su firma para bendecir semejante farsa.
¿Cómo pueden, en nombre de Dios y de la moral, aliarse con quienes representan todo lo que la fe condena?
Lo que Pueblo Soberano y sus aliados llaman “principios cristianos” es, en realidad, una liturgia de la hipocresía, un púlpito al servicio de la ambición, donde la fe se usa como moneda y la moral se alquila al mejor postor.











