La aprobación de Rodrigo Chaves volvió a colocarlo entre los presidentes mejor valorados de América Latina, pero el dato deja una pregunta incómoda: ¿por qué un mandatario de Costa Rica aparece a menos de ocho puntos de Daniel Ortega, símbolo del autoritarismo en la región?
La aprobación de Rodrigo Chaves se convirtió otra vez en tema de debate tras un ranking regional de imagen presidencial que lo ubicó con 59,5% de valoración positiva, apenas 7,6 puntos por encima de Daniel Ortega, el gobernante nicaragüense cuyo régimen ha sido descrito por organismos internacionales como autoritario. Más que un simple dato de popularidad, la cercanía numérica abre una discusión política de fondo sobre el tipo de liderazgo que hoy gana terreno en América Latina.

La aprobación de Rodrigo Chaves y la distancia con Ortega
La más reciente medición regional coloca a Nayib Bukele en el primer lugar con 70,1%, a Claudia Sheinbaum en el segundo con 69,8% y a Rodrigo Chaves en el tercero con 59,5%. Daniel Ortega aparece más abajo con 51,9%, pero la distancia entre ambos no supera los ocho puntos. Dicho de otra forma: en un ranking de imagen presidencial, la aprobación de Rodrigo Chaves terminó más cerca de Ortega que de los dos líderes que encabezan la lista.
Ese contraste es el dato políticamente explosivo. Costa Rica se ha proyectado durante décadas como una democracia institucional, con alternancia, división de poderes y tradición civilista. Nicaragua, por el contrario, arrastra años de denuncias por persecución, exilio forzado, concentración del poder, cancelación de libertades y represión estatal.
Que ambos mandatarios queden tan próximos en imagen positiva no convierte automáticamente a Chaves en Ortega, pero sí obliga a revisar qué clase de discurso, de estilo de mando y de relación con la institucionalidad está siendo premiado por una parte del electorado.
Un ranking regional que deja una pregunta incómoda
El estudio fue construido con más de 40.000 entrevistas online en 18 países de América Latina entre el 13 y el 18 de abril, con márgenes de error reportados entre 1,9% y 2,2%. Bajo esa metodología, la aprobación de Rodrigo Chaves no solo lo mete en el podio regional, sino que lo ubica en una zona políticamente incómoda: demasiado cerca, en respaldo, de un gobernante señalado por el deterioro extremo de la democracia nicaragüense.
La pregunta, entonces, no es si Ortega es “tan buen presidente” como lo sugieren sus números. La pregunta seria es otra: ¿qué revela sobre Costa Rica que un mandatario democrático aparezca con una valoración tan cercana a la de un régimen que Freedom House y Human Rights Watch describen como autoritario y represivo?
En ese contexto, la aprobación de Rodrigo Chaves deja de ser un simple indicador de popularidad y pasa a convertirse en un dato que merece ser interpretado con mayor profundidad. Cuando un liderazgo crece a partir de la confrontación permanente, la descalificación del adversario, la erosión de los contrapesos y la apelación constante al enemigo interno, la popularidad deja de ser solo un dato y se convierte en una advertencia.
Costa Rica no debería normalizar esta cercanía
La aprobación de Rodrigo Chaves puede ser celebrada por sus seguidores como una prueba de fortaleza política, pero también puede leerse desde otro ángulo: como síntoma de una región donde los estilos duros, personalistas y hostiles hacia la institucionalidad logran respaldo. En ese escenario, el problema no es únicamente cuánto apoyo tiene Chaves, sino qué tipo de liderazgo está siendo legitimado por ese apoyo.
En Nicaragua, la concentración de poder bajo Ortega y Rosario Murillo se ha profundizado con reformas constitucionales, persecución de voces críticas, despojo de ciudadanía, confiscación de bienes y represión sistemática de la disidencia, según organismos de derechos humanos. Por eso, la cercanía numérica entre ambos presidentes no debería usarse como trofeo, sino como alarma. Costa Rica no gana nada pareciéndose, ni siquiera en percepción pública, a un modelo que ha vaciado la democracia nicaragüense.
Una democracia sana no debería presumir que su presidente aparece a menos de ocho puntos de un autócrata. Si la aprobación de Rodrigo Chaves sirve para algo en este momento, es para medir no solo su fuerza política, sino también cuánto se está desplazando Costa Rica hacia la normalización de la dictadura, el choque permanente y el desprecio por los límites republicanos. Y eso, más que orgullo, debería provocar vergüenza y alarma.