Un “doble golpe” evidencia los riesgos de depender de las potencias y descuidar la seguridad alimentaria
Reuters. Lo que por décadas fue una pequeña historia de éxito económico en la costa oriental de Sudáfrica hoy enfrenta una tormenta perfecta. Nkosinathi Msweli, productor de caña de azúcar en KwaDukuza, lleva treinta años cultivando y generando empleo para ocho trabajadores permanentes y treinta temporales. Sin embargo, el negocio familiar se encuentra contra las cuerdas.
Primero, las importaciones baratas comenzaron a desplomar los precios locales del azúcar. Y ahora, la decisión del presidente estadounidense Donald Trump de imponer fuertes aranceles a las exportaciones sudafricanas terminó de cerrar el cerco. Msweli no dudó en calificarlo como un “doble golpe” que lo obliga a enfrentar decisiones difíciles para mantener a flote su finca y el sustento de decenas de familias.
El caso refleja el drama de miles de pequeños agricultores atrapados entre los vaivenes del mercado global y las decisiones políticas de las grandes potencias, donde el nacionalismo económico termina castigando a los más vulnerables.
Este episodio deja una enseñanza clara: cuando un país no cuida su seguridad alimentaria y entrega su producción a la lógica del mercado internacional, la soberanía y la estabilidad de las comunidades rurales quedan en manos ajenas. Sudáfrica hoy lo vive en carne propia, y naciones como Costa Rica deberían tomar nota para no repetir el error.






