Las leyes de la estupidez humana explican el fenómeno chavista en Costa Rica

Cipolla tenía razón: el problema no es solo Chaves, sino la masa de seguidores que, sin beneficio alguno, destruyen al país… y a sí mismos.

La historia está llena de advertencias disfrazadas de ironía. Una de las más brillantes proviene del historiador y economista italiano Carlo Maria Cipolla, quien en su célebre ensayo “Las leyes fundamentales de la estupidez humana” diagnosticó con precisión quirúrgica a las sociedades que se autodestruyen. Si viviera hoy en Costa Rica, seguramente encontraría en los seguidores de Rodrigo Chaves un ejemplo de laboratorio para ilustrar su teoría.

Las cinco leyes formuladas por Cipolla no solo describen actitudes individuales, sino que retratan con precisión a un fenómeno colectivo: el chavismo tropical que se expande sin lógica, sin argumentos y sin freno.

📌 1. Siempre subestimamos cuántos estúpidos hay.

La burbuja de redes sociales hace creer que son pocos, pero basta ver los comentarios bajo cualquier noticia sobre corrupción, censura o autoritarismo de este gobierno para comprobar que hay una legión dispuesta a justificar lo injustificable. No importa la evidencia: “todo es culpa de los medios vendidos” o de “la argolla”. Y claro, todos menos ellos están manipulados.

📌 2. La estupidez es independiente de clase, educación o ideología.

Hay empresarios, taxistas, ingenieros, profesores y hasta médicos que se tragan la narrativa chavista. Porque la estupidez, según Cipolla, no depende del nivel educativo ni del estatus social. Hay personas con títulos universitarios que repiten eslóganes vacíos como si fueran mantras: “¡Él sí pone orden!” o “¡No le tiembla la mano!”. Poco importa que el país se caiga a pedazos mientras puedan odiar a los políticos tradicionales y sentirse parte de una cruzada imaginaria.

📌 3. El estúpido daña a otros… y también a sí mismo.

Aquí Cipolla da en el clavo: los chavistas defienden políticas que los empobrecen, atacan instituciones que les brindan servicios, aplauden recortes que afectan su propia salud, educación o pensiones. Es el síndrome del voto masoquista: prefieren ver el país en ruinas si eso implica “castigar” a quienes odian. Y cuando los resultados son desastrosos, no aprenden. Culpan a los demás.

📌 4. Subestimar a los estúpidos es un error fatal.

Muchos pensaron que Chaves era una moda pasajera, que sus seguidores eran solo un puñado de fanáticos. Hoy vemos una maquinaria de propaganda, manipulación digital, encuestas dudosas y estructuras paralelas que buscan perpetuar el poder. El estúpido no necesita razones: necesita un líder que le diga a quién culpar. Y ahí es donde se vuelve peligroso.

📌 5. El estúpido es más peligroso que el malvado.

Porque actúa sin cálculo, sin lógica, sin propósito claro. El seguidor fanatizado de Chaves no necesita pruebas ni coherencia, solo una narrativa que lo haga sentir importante. Mientras tanto, el país pierde democracia, institucionalidad y soberanía. Y cuando todo colapse, culpará al comunismo, a los sindicatos, a los diputados… a cualquiera, menos a su voto.

🚨 Llamado de alerta:

Costa Rica está en riesgo, no solo por las acciones del presidente, sino por la estupidez organizada que lo sostiene. Cipolla nos enseñó que una sociedad puede sobrevivir a los corruptos, incluso a los malvados, pero no a los estúpidos en masa.

Y si no reaccionamos a tiempo, el daño será irreversible.


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