Este Paisano vivió desde adentro la Marcha de la diversidad sexual 2026 en CDMX, una jornada de orgullo, resistencia y comunidad sobre Paseo de la Reforma.
Este 27 de junio, la Ciudad de México volvió a vestirse de colores, amor y libertad durante la Marcha de la diversidad sexual 2026, una jornada multitudinaria que tomó Paseo de la Reforma con banderas, carrozas, música, consignas y miles de historias caminando bajo el sol y, más tarde, bajo la lluvia.

La diversidad sexual tomó Paseo de la Reforma
Este Paisano estuvo ahí para vivirlo en primera persona. Cerca de las 11 de la mañana llegamos a la estación del Metro Sevilla y, desde ahí, bastaron unos cuantos metros caminando para encontrar el pulso de la marcha: gente reuniéndose sobre Reforma, banderas ondeando entre los árboles, vendedores, colectivos, familias, parejas, turistas, curiosos y activistas listos para convertir la calle en una celebración de vida.
Desde temprano, la ciudad mostró una de sus caras más poderosas. No era solo una fiesta. Era una declaración pública de existencia. En cada abanico, cada maquillaje, cada vestido, cada cartel y cada bandera se podía leer una misma idea: aquí estamos, existimos, resistimos y no nos escondemos más.
La diversidad sexual llenó Reforma de rostros, cuerpos, colores y memorias. Había música, sí; había fiesta, sí; pero también había una historia colectiva caminando en plena avenida, recordando que los derechos no nacieron solos y que muchas libertades fueron conquistadas por personas que se atrevieron a salir a la calle cuando todavía era más peligroso hacerlo.
Este Paisano en la Marcha de la diversidad sexual 2026
En medio de esa multitud conocimos a Eduardo, administrador de empresas, con quien hicimos amistad durante la jornada. Fue él quien nos regaló una de las imágenes más significativas de esta cobertura: la foto de portada, capturada desde adentro de la marcha, con la gente reunida en Reforma y el Ángel de la Independencia al fondo, como testigo de una ciudad tomada por la diversidad.

Pero la cobertura no se quedó solo en la imagen panorámica. También hubo rostros, conversaciones y pequeñas historias humanas que no caben en una estadística. Algunas personas nos compartieron parte de su proceso personal: cómo fue reconocerse, cómo fue decirle a sus familias que eran gays, cómo enfrentaron el miedo, el rechazo o la incertidumbre, y cómo encontraron en la comunidad un espacio de apoyo.

Una de las consignas vistas durante la marcha lo decía con una ternura demoledora: “Si tu familia no te acepta, ahora nosotros somos tu familia”. En esa frase estaba resumida buena parte del espíritu de la jornada: la diversidad sexual no es una abstracción ni una etiqueta; son vidas reales, afectos reales, duelos reales y también alegrías reales.

Historias humanas detrás de las banderas
Frente a nuestros ojos pasaron carrozas, contingentes, colectivos, personas en zancos, trajes elaborados, alas blancas, mariposas humanas, personajes de fantasía, reinas, drags, banderas trans, banderas arcoíris y pancartas cargadas de memoria.
También hubo presencia institucional, grupos religiosos incluyentes y organizaciones que caminaron bajo una misma idea: el derecho a existir sin pedir permiso. En esa mezcla de fiesta, arte, protesta y comunidad, la diversidad sexual apareció no solo como celebración, sino como una forma de decirle a la sociedad que nadie debería ser obligado a esconderse para ser aceptado.

Una de las imágenes más fuertes de la jornada fue la de un cartel que decía: “Mis colores no opacan tu puto odio”. La frase, cruda y directa, sintetizaba el choque entre la alegría de quienes marchan y la violencia simbólica que todavía enfrentan muchas personas por amar, vestir, hablar o vivir fuera de las normas impuestas.
Carrozas, lluvia y orgullo rumbo a Bellas Artes
A eso de las 3 de la tarde empezó a llover. El cielo cambió, el piso se mojó y algunas sombrillas aparecieron entre la multitud. Pero la lluvia no apagó la fiesta. Al contrario: le dio otra textura. Reforma siguió llena, los colores siguieron brillando y la marcha continuó su camino hacia Bellas Artes, punto de encuentro de una celebración que mezcló música, protesta, memoria y comunidad.
La Marcha de la diversidad sexual 2026 en CDMX fue, ante todo, una muestra de presencia. Una ciudad entera viendo pasar a quienes durante décadas fueron obligados a esconderse. Una multitud diciendo con el cuerpo lo que tantas veces se quiso callar con prejuicio: amar no debería ser motivo de miedo, existir no debería ser una batalla y vivir con libertad no tendría que ser privilegio.
La diversidad sexual también es resistencia
Desde Radio Zurquí, esta cobertura queda como testimonio de una jornada luminosa y profundamente humana. Porque la diversidad sexual también es resistencia. Porque la calle también educa. Porque cada bandera levantada sobre Reforma contó una historia. Y porque, bajo el sol o bajo la lluvia, miles de personas volvieron a recordarle al mundo que la libertad no se mendiga: se camina.
La marcha dejó imágenes de alegría, pero también de memoria. De abrazos entre desconocidos. De familias elegidas. De cuerpos que celebran, de voces que reclaman y de personas que, al caminar juntas, convierten la ciudad en refugio, escenario y bandera.