Inspirada en la Cuarta Declaración de la Selva Lacandona, esta columna adapta su espíritu de dignidad rebelde al contexto costarricense: una declaración dirigida al pueblo de Costa Rica y a quienes todavía creen en la memoria, la democracia, la justicia y una patria que no se arrodilla.
Costa Rica no nació para arrodillarse. Nació de luchas sociales, pactos democráticos, instituciones públicas, memoria histórica y una vocación de paz que ningún caudillo tiene derecho a destruir. Por eso, cuando el poder pretende imponer silencio, dividir al pueblo y vender la patria por partes, la palabra vuelve a levantarse como acto de dignidad.
Al pueblo de Costa Rica y a quienes creen en la dignidad
Al pueblo de Costa Rica:
A los pueblos que todavía creen en la democracia, la justicia y la dignidad:
No morirá la flor de la palabra.
Podrán perseguir la voz que hoy la pronuncia, podrán burlarse del pueblo que reclama, podrán comprar aplausos, sembrar miedo y levantar mentiras; pero la palabra que viene desde el fondo de nuestra historia ya no podrá ser arrancada por la soberbia del poder.
Nosotros venimos de una patria que aprendió a construir sin ejército, a curar con la Caja, a estudiar con escuela pública, a iluminar montañas con el ICE, a abrir caminos con trabajo y a defender la paz como una forma superior de valentía.
Nosotros venimos de los barrios, de los campos, de las costas, de las aulas, de los hospitales, de los sindicatos, de las comunidades olvidadas, de la gente que madruga, de quienes siembran, enseñan, curan, manejan, cuidan, venden, limpian, levantan y sostienen este país mientras otros lo saquean desde escritorios con aire acondicionado.
Nuestra lucha es por hacernos escuchar, y el mal gobierno responde con soberbia, insultos y propaganda.
Nuestra lucha es por la salud pública, y el mal gobierno debilita la Caja mientras habla de eficiencia.
Nuestra lucha es por la educación, y el mal gobierno reparte abandono, recortes y desprecio.
Nuestra lucha es por el trabajo digno, y el mal gobierno celebra cifras mientras el pueblo sobrevive con angustia.
Nuestra lucha es por la tierra, por el agua y por las comunidades, y el mal gobierno entrega territorios al negocio de unos pocos.
Nuestra lucha es por la verdad, y el mal gobierno fabrica enemigos para no responder preguntas.
Nuestra lucha es por la justicia, y el mal gobierno protege a los suyos mientras persigue a quienes denuncian.
Nuestra lucha es por la patria, y el mal gobierno sueña con venderla por partes: sus bancos, sus seguros, sus instituciones, sus costas, su memoria.
Nuestra lucha es por la paz, pero no por la paz del silencio impuesto, sino por la paz con dignidad, con derechos, con pan, con techo, con escuela, con hospital y con futuro.
Salud, educación, trabajo, agua, vivienda, democracia, libertad, justicia, soberanía y paz: estas son nuestras banderas. No nacieron hoy. Vienen de lejos. Vienen de quienes abolieron el ejército, de quienes fundaron instituciones, de quienes defendieron garantías sociales, de quienes sembraron escuelas donde antes solo había abandono.
El poderoso cree que nuestra rebeldía nació ayer. Se equivoca.
Antes habló con voz campesina, con voz obrera, con voz estudiantil, con voz de mujer, con voz indígena, con voz negra, con voz joven, con voz de barrio, con voz de pueblo. Ha hablado en Talamanca, en Guanacaste, en Limón, en Puntarenas, en la Zona Sur, en Cartago, en Heredia, en Alajuela y en San José. Ha hablado en las calles, en las aulas, en las fincas, en los hospitales y en las casas donde todavía se sueña con una Costa Rica justa.
La rebeldía no es cosa de ideología.
Es cosa de dignidad y de humanidad.
Nos quisieron callados, cansados, divididos y resignados.
Nos quisieron mirando hacia abajo.
Nos quisieron convencidos de que nada podía cambiar.
Pero para el poderoso, nuestro silencio fue siempre su deseo.
Callando nos moríamos. Sin palabra, no existíamos.
Por eso hablamos.
Por eso luchamos.
Por eso caminamos contra el olvido, contra la mentira, contra el miedo y contra la muerte lenta de una patria sin memoria.
Porque Costa Rica no es propiedad de ningún caudillo.
Costa Rica no es finca de ningún grupo económico.
Costa Rica no es botín de ningún partido.
Costa Rica es su pueblo.
Y mientras haya una voz que no se venda, una memoria que no se borre, una mano que se levante y una dignidad que no se arrodille, esta patria seguirá viva.
Hoy decimos: aquí estamos.
No somos el silencio.
No somos el miedo.
No somos el olvido.
Somos la palabra que vuelve.
Somos la memoria que despierta.
Somos la dignidad rebelde de Costa Rica.