A 25 años del asesinato de Parmenio Medina, Costa Rica vuelve a mirar su propia conciencia: hoy no matan periodistas con balas, pero desde el poder se intenta matar la libertad de prensa con miedo, odio, persecución y silencio.
Hoy 7 de julio se cumplen 25 años del asesinato de Parmenio Medina Pérez, una de las voces más valientes, irreverentes y necesarias del periodismo costarricense.
Parmenio Medina fue periodista, locutor, denunciante, fiscalizador y, sobre todo, una piedra en el zapato del poder. Desde su programa “La Patada”, transmitido durante décadas por Radio Monumental, convirtió el humor, la sátira y la denuncia en una herramienta ciudadana contra la corrupción.
Parmenio Medina no hablaba para quedar bien. Hablaba para incomodar.
Nacido en Colombia y adoptado por Costa Rica como una de sus voces más valientes, Parmenio Medina se convirtió en parte de la memoria democrática del país. Durante años denunció abusos, irregularidades y actos de corrupción con un estilo popular, directo y mordaz. Su programa se ganó enemigos en sectores políticos, empresariales y religiosos, precisamente porque decía lo que muchos preferían callar.
En sus últimos años investigó irregularidades alrededor de Radio María de Guadalupe, administrada por el sacerdote Minor Calvo, y los manejos económicos vinculados a donaciones de fieles. Antes de su asesinato, Medina recibió amenazas. Incluso, en mayo de 2001, dispararon contra su casa.
El 7 de julio de 2001 fue asesinado a balazos en Santo Domingo de Heredia, cerca de su vivienda. Según el Comité para la Protección de los Periodistas, recibió tres disparos a quemarropa mientras conducía su vehículo. El crimen sacudió a un país que se creía inmune a ese tipo de violencia contra la prensa.
Años después, la justicia condenó al empresario Omar Chaves como autor intelectual del asesinato y a Luis Alberto Aguirre como autor material. Minor Calvo fue absuelto en la causa por homicidio. El caso dejó una herida profunda: Parmenio murió por hacer preguntas que incomodaban demasiado.
Hoy, 25 años después, hay quienes dicen que en Costa Rica no existe una crisis de libertad de prensa porque desde Parmenio ningún periodista ha sido asesinado físicamente… Ese argumento es cómodo, pero profundamente peligroso.
Porque la libertad de prensa no se destruye únicamente con balas. También se destruye con campañas de odio, con amenazas, con persecución económica, con estigmatización desde el poder, con listas negras, con presión para que periodistas críticos no sean contratados, con ataques digitales y con el miedo sembrado como método político.
Hoy el gobierno de Rodrigo Chaves no ha llenado cárceles de periodistas, pero sí ha convertido el ejercicio crítico del periodismo en una actividad bajo ataque permanente. Reporteros Sin Fronteras advierte que Costa Rica registra un aumento sostenido de vulneraciones a la libertad de prensa, restricciones al acceso a información pública y ataques verbales desde el poder contra medios y periodistas críticos.
La Sociedad Interamericana de Prensa también verificó en Costa Rica un deterioro preocupante de la libertad de prensa, provocado por una actitud hostil del Poder Ejecutivo, ataques verbales, hostigamiento digital, granjas de troles, publicación de información privada y manipulación de la pauta oficial como premio o castigo.
Porque cuando un presidente convierte a la prensa en enemiga, cuando el poder llama “sicarios” a quienes investigan, cuando se celebra que un periodista pierda trabajo, pauta, visa, audiencia o protección, el país ya cruzó una línea moral muy peligrosa.
Parmenio Medina entendió algo que hoy vuelve a ser urgente: el periodismo no está para obedecer al poder, sino para vigilarlo.