El nuevo embajador de Costa Rica ante Naciones Unidas publicó una hoja de vida para defender su nombramiento, pero el documento también deja preguntas sobre datos omitidos, su origen y el contexto polémico de su paso por el negocio petrolero venezolano.
El currículum de Boris Marchegiani, recién nombrado embajador representante permanente de Costa Rica ante la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York, no cerró la discusión pública sobre su designación. Por el contrario, abrió nuevas preguntas sobre lo que el nuevo “diplomático” decidió destacar y, especialmente, sobre lo que decidió omitir.
Marchegiani publicó en redes sociales un extenso perfil ejecutivo en el que se presenta como “ciudadano costarricense”, empresario, académico y estratega internacional con experiencia en energía, turismo sostenible, política pública y cooperación internacional. Ese currículum incluye su residencia en Manuel Antonio, su fecha de nacimiento, su trayectoria empresarial y académica, su relación con el sector energético internacional y su papel en proyectos ambientales y turísticos.
Sin embargo, el currículum del embajador evita mencionar un dato relevante para el debate público: su lugar de nacimiento. El punto no es cuestionar su origen, ni mucho menos atacar a una persona por haber nacido fuera de Costa Rica. El punto es otro: si una hoja de vida se publica para legitimar un nombramiento diplomático, la selección de los datos también comunica.
Una hoja de vida que presume experiencia, pero evita contexto
En su publicación, Marchegiani destaca que fue fundador y director ejecutivo de PEPEX.NET, LLC, una plataforma vinculada a la adquisición y comercialización de energía entre gobiernos y corporaciones petroleras. También menciona experiencia en negociación, suministro y comercialización global de petróleo y derivados con empresas como Exxon, Petrobras, ARAMCO, PEMEX, Shell, Petronas e Indian Oil. Además, incluye dentro de su trayectoria haber sido representante de ventas de Petróleos de Venezuela, PDVSA.
Esa parte del currículum de Boris es precisamente la que exige mayor escrutinio público. No porque la experiencia privada sea, por sí sola, un impedimento para ejercer un cargo diplomático, sino porque el contexto de esa experiencia ha sido objeto de cuestionamientos anteriores.
La Nación documentó en 2015 que la participación de Boris Marchegiani en la comercialización del petróleo venezolano, a inicios de siglo, generó polémica en Caracas durante la confrontación entre trabajadores de PDVSA y el gobierno de Hugo Chávez. Según esa publicación, Marchegiani había fundado Pepex en 1999, empresa domiciliada en Florida, y la plataforma fue lanzada en el año 2000 para negociar petróleo mediante un sistema digital.
El mismo reporte señaló que, en 2003, cuando el paro de labores en PDVSA dejó a la petrolera sin parte de su cuerpo experto en comercialización, Pepex llegó a mover al menos el 10% de las ventas venezolanas de crudo, de acuerdo con declaraciones atribuidas al entonces ministro de Energía y Minas, Rafael Ramírez, citado por El Universal.
El punto sensible: intermediación, comisiones y conflicto de interés
La controversia no se limita a que Pepex participara en la comercialización petrolera venezolana. El debate de fondo fue si esa intermediación resultaba compatible con la política anunciada por el Estado venezolano de reducir intermediarios y vender de forma más directa a refinerías y consumidores finales.
La Nación también recogió cuestionamientos de Ciro Izarra, exgerente de Comercialización de PDVSA, quien señaló que la comisión cobrada por Pepex se habría duplicado en aquella coyuntura crítica, pasando de $0,10 a $0,20 por barril. Ese dato vuelve inevitable la discusión sobre el beneficio económico obtenido en medio de una crisis institucional y laboral dentro de la petrolera venezolana.
A ello se suma otra arista aún más delicada: la contratación de Marchegiani para liderar y reestructurar la comercialización internacional de PDVSA, mientras su propia plataforma participaba en operaciones relacionadas con esa comercialización. Izarra calificó esa situación como un caso de conflicto de intereses y recomendó prescindir del portal electrónico para evitar riesgos legales.
Ese contexto no aparece explicado en el currículum del nuevo embajador… Marchegiani sí menciona PEPEX.NET. Sí menciona PDVSA. Sí menciona su experiencia petrolera global. Pero no desarrolla el episodio venezolano, las críticas por intermediación, los señalamientos sobre comisiones ni las advertencias por posible conflicto de interés.
El nombramiento exige más transparencia, no menos
El nombramiento de Marchegiani como embajador representante permanente de Costa Rica ante la ONU en Nueva York obliga a revisar con lupa su trayectoria pública. En ese contexto, el currículum no puede tratarse como una simple carta de presentación: es un documento político que muestra credenciales, pero también silencios, omisiones y zonas que requieren explicación.
Un cargo de esa naturaleza no es simbólico. La representación permanente ante Naciones Unidas implica hablar en nombre del Estado costarricense en temas sensibles de política exterior, derechos humanos, desarrollo sostenible, seguridad internacional, cooperación multilateral y defensa de principios democráticos.
Por eso, el problema no es que Marchegiani tenga trayectoria empresarial. Tampoco que haya trabajado en petróleo, turismo, sostenibilidad o cooperación internacional. El problema es que su propio perfil curricular convierte esas áreas en credenciales, pero deja fuera los episodios controversiales que permitirían valorar mejor su idoneidad… Un embajador no representa su currículum… Representa a un país.
La omisión del origen también pesa políticamente
En su publicación, Marchegiani se presenta como “ciudadano de la República de Costa Rica”. Ese dato es correcto en cuanto a su nacionalidad costarricense. Pero, en un documento que incluye datos personales, trayectoria profesional, experiencia energética, vínculos académicos y participación en organizaciones internacionales, la ausencia del lugar de nacimiento resulta políticamente llamativa.
No se trata de afirmar que alguien deba ser menos costarricense por haber nacido en otro país. Costa Rica es una nación construida también por personas naturalizadas, migrantes y familias venidas de muchas partes del mundo. El cuestionamiento es distinto: cuando un dato ha formado parte del debate público sobre una figura política, omitirlo en una publicación de defensa personal puede interpretarse como una decisión estratégica… Y en diplomacia, las omisiones también hablan.