La jerarquía católica marcó línea: nada de proselitismo en el Santuario.
Aun así, el Pueblo Soberano intentó colarse con una misa de inicio de campaña.
El descaro tiene límites, y esta vez fue la Iglesia quien los puso. El Santuario Nacional de la Basílica de Los Ángeles emitió un recordatorio contundente: los templos no son plataformas electorales. La carta pastoral, firmada por el Obispo de Cartago, dejó claro que en la Casa de la Negrita no hay espacio para misas disfrazadas de tarima política.
Y como si lo hubieran olido, apenas horas después apareció la prueba de por qué era necesario ese estate quieto: el narco partido Pueblo Soberano y su candidata Laura Fernández invitaron descaradamente a una “misa de acción de gracias por el inicio de campaña electoral”. Pretendían arrancar su aventura política con incienso de utilería y la Basílica como escenografía.
La jerarquía católica fue categórica: ni misas para candidatos, ni rezos con fines proselitistas, ni liturgia al servicio de partidos. En otras palabras, lo que Fernández y compañía anunciaron es exactamente lo que la Iglesia prohibió.
El mensaje no pudo ser más claro: la Basílica es para la fe, no para el oportunismo electoral. Y si alguien todavía duda de la gravedad, basta recordar que el Código Electoral lo prohíbe expresamente.
Lo irónico es que la candidata que busca la silla presidencial ni siquiera es católica. Fernández viene de otra tradición religiosa, pero no tuvo reparo en manipular símbolos católicos con tal de pescar votos fáciles. Una jugada que no solo evidencia cinismo, sino desesperación.
La Iglesia ya cumplió su parte: puso el alto. Ahora le toca a la ciudadanía preguntarse si alguien que empieza su campaña violando la ley, manipulando la fe y forzando credos ajenos merece un solo voto.
