Ana Virginia Calzada advierte sobre el daño del chavismo y llama a recuperar Costa Rica.
Costa Rica enfrenta una encrucijada histórica. El deterioro institucional, el avance del crimen organizado y la normalización de la confrontación política no son hechos aislados, sino el resultado de un proyecto de poder que ha demostrado ser nefasto para la democracia y la convivencia nacional.
En ese contexto, la candidata presidencial Ana Virginia Calzada, del Centro Democrático y Social, lanzó un mensaje contundente: la gente buena somos más, y es precisamente esa mayoría silenciosa la que debe asumir la defensa activa del país.
El costo del chavismo para Costa Rica
Durante la actual administración de Rodrigo Chaves, Costa Rica ha experimentado:
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Un debilitamiento sistemático de instituciones clave como la CCSS y el Poder Judicial
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Un discurso permanente de confrontación que divide a la sociedad
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Señalamientos reiterados sobre tolerancia y cercanía con estructuras vinculadas al narcotráfico
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Retrocesos en seguridad ciudadana y en la confianza democrática
A este proyecto se han sumado figuras como Pilar Cisneros, principal operadora política del chavismo, y Laura Fernández, quien representa la continuidad de un modelo que ha demostrado ser excluyente, autoritario y peligroso.
¿Qué pasaría si continúan?
La advertencia es clara:
si este grupo mantiene el control político del país, Costa Rica se arriesga a:
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Mayor penetración del crimen organizado en la política
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Más debilitamiento de los controles democráticos
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Un Estado cada vez más autoritario
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Menos seguridad en los barrios y comunidades
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Más abandono de la salud pública y de las familias trabajadoras
“La gente buena merece un país distinto”
El mensaje de Ana Virginia Calzada apunta a un eje central:
Costa Rica debe volver a ser gobernada por personas que construyan, no que dividan; que protejan a las madres y a sus hijos, no que normalicen la violencia; que unan sectores, en lugar de enfrentar al país consigo mismo.
La “gente buena” —trabajadora, honesta, solidaria— sigue siendo mayoría.
Lo que está en juego es si esa mayoría decide hacerse escuchar.











