Un aliado de Donald Trump interviene para defender a Rodrigo Chaves
El congresista estadounidense Mario Díaz-Balart, figura del ala trumpista del Partido Republicano y político rodeado de señalamientos éticos en su propio país, manifestó su “preocupación” por el proceso de levantamiento de inmunidad del presidente Rodrigo Chaves en Costa Rica.
La noticia, publicada por la prensa costarricense, revela que Díaz-Balart incluso convocó a la embajadora de Costa Rica en Washington para expresar su inquietud por un procedimiento interno que involucra presunta beligerancia política, uno de los múltiples cuestionamientos que pesan sobre el mandatario costarricense.
Díaz-Balart, quien ha sido objeto de denuncias por irregularidades hipotecarias, doble declaración de residencia y polémicas investigaciones por uso indebido de exenciones fiscales en Florida —además de ser parte del grupo de congresistas señalado por su rol en dinamitar la certidumbre democrática tras las elecciones de 2020 en Estados Unidos— ahora aparece como defensor internacional del presidente costarricense.
Un congresista con su propio historial oscuro “preocupado” por la democracia tica
Estas palabras resultan particularmente irónicas, considerando que el propio congresista carga con cuestionamientos por su papel en los esfuerzos de Donald Trump para desconocer los resultados electorales en 2020. Organizaciones civiles en Estados Unidos incluso pidieron su renuncia por supuestamente debilitar la institucionalidad democrática al apoyar narrativas que alimentaron el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021.
Que sea justamente este tipo de figuras —con un historial turbio, interesadas en la agenda trumpista y con inclinaciones intervencionistas— quienes hoy se alinean con Rodrigo Chaves, dice más de lo que calla.
Costa Rica no necesita tutores extranjeros
Costa Rica ha construido su democracia sobre principios claros: separación de poderes, institucionalidad robusta y procesos transparentes.
El levantamiento de inmunidad presidencial no es un acto improvisado ni un “mecanismo ambiguo”: se trata de una facultad constitucional supervisada por el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), garante máximo de la democracia costarricense.
Que un político extranjero intente influir en un procedimiento interno, especialmente uno acusado de aprovechar vacíos normativos en su propio país para obtener beneficios personales, debería encender las alarmas.
Y más aún cuando esa injerencia parece diseñada para proteger a un presidente cuestionado que enfrenta investigaciones por presuntas faltas éticas, beligerancia política y conductas ya conocidas por la opinión pública.
Los aliados de Chaves hablan por él
No son académicos, ni defensores de derechos humanos, ni líderes democráticos quienes salen a respaldarlo.
Son figuras trumpistas, con historial en cuestionamientos éticos, que creen que la democracia es negociable según su conveniencia.
Y esa es la mayor revelación de esta noticia:
Rodrigo Chaves no solo erosiona instituciones desde adentro. También se rodea de quienes, afuera, han demostrado su desprecio por los límites democráticos.


